En un cruce que ha sacudido los cimientos del fútbol argentino, Ángel Di María rompió el silencio para manifestar su apoyo incondicional a la actual conducción de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). El ídolo de la Selección Nacional no solo defendió los logros obtenidos en los últimos años, sino que también dirigió palabras frontales hacia la figura de Diego Milito, acusando a ciertos sectores de «caretas» en relación con sus posturas políticas dentro del ámbito deportivo. Esta declaración marca una clara toma de posición en la interna que divide a los referentes del fútbol local.
El «Fideo» subrayó que el éxito de la «Scaloneta» no fue casualidad, sino el fruto de un proyecto que tuvo el respaldo institucional necesario en los momentos de mayor incertidumbre. Para el delantero, atacar a la AFA en este periodo de gloria es una contradicción que responde a intereses ajenos al bienestar del deporte nacional. Sus palabras resuenan con fuerza en un contexto donde se debate la posible llegada de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) al fútbol argentino, un tema que genera posiciones encontradas.
Por su parte, las críticas hacia Diego Milito se centran en su visión sobre la modernización de los clubes y su gestión administrativa. Di María sugirió que hay exjugadores que pretenden dar lecciones de gestión desde una supuesta superioridad moral, sin haber estado presentes en las crisis que la asociación debió superar previamente. El debate pone de manifiesto la tensión entre la tradición de los clubes como asociaciones civiles sin fines de lucro y las nuevas tendencias de inversión privada que promueven algunos sectores.
El impacto de estas declaraciones ha generado reacciones en todo el arco futbolístico, desde dirigentes de clubes del ascenso hasta figuras internacionales. Mientras algunos celebran la lealtad de Di María hacia la estructura que lo vio brillar, otros consideran que el debate sobre el futuro del fútbol argentino debe ser abierto y sin descalificaciones personales. Lo cierto es que la palabra de un referente de su magnitud tiene un peso político que trasciende el campo de juego.
Analistas deportivos sugieren que este enfrentamiento público es el reflejo de una lucha por el poder y el modelo de negocio del fútbol en el país. La AFA, bajo la presidencia de Claudio Tapia, ha logrado consolidar un bloque de poder fuerte basado en los resultados deportivos, pero enfrenta desafíos constantes en materia de transparencia y organización de torneos. La irrupción de voces críticas como la de Milito plantea una alternativa que, por ahora, encuentra una resistencia férrea en los jugadores más emblemáticos de la Selección.
En el futuro cercano, es probable que estas divisiones se profundicen a medida que se acerquen las instancias de definiciones institucionales en los principales clubes y en la propia AFA. Di María, con su franqueza habitual, ha dejado claro que su compromiso va más allá de lo futbolístico, defendiendo un modelo que considera exitoso y propio de la identidad argentina. El fútbol nacional queda así envuelto en una discusión de alto nivel sobre su esencia y su destino económico.















