
La búsqueda del niño argentino Lucas Gámez, atrapado bajo los escombros de un edificio en Venezuela tras los devastadores terremotos, ingresó en una nueva fase crítica. Los equipos de rescate concentran sus operaciones en dos sectores específicos de la estructura colapsada y utilizan pruebas de detección de sonido para localizar latidos del corazón.
Días atrás, los rescatistas habían registrado señales de calor corporal, lo que mantuvo viva la esperanza de encontrarlo con vida. Ahora la tecnología acústica se convierte en el recurso central de las labores, en una carrera contrarreloj que mantiene en vilo a la familia del menor y a la opinión pública argentina.
El caso expone además las dificultades logísticas y diplomáticas que enfrentan las familias argentinas en situaciones de emergencia en el exterior. Las autoridades nacionales siguen de cerca la situación, mientras los organismos internacionales de rescate colaboran con los equipos locales venezolanos.















