
El vocero presidencial Adrián Ravier salió a descomprimir después de que la senadora marcara diferencias públicas con el oficialismo.
El vocero presidencial Adrián Ravier salió a desactivar el ruido político generado en torno a Patricia Bullrich y su vínculo con La Libertad Avanza. Desde la Casa Rosada aseguraron que confían en que la exministra y actual jefa del bloque de LLA en el Senado respalda la candidatura presidencial de Javier Milei para 2027, intentando cerrar una grieta interna antes de que se profundice.
Ravier fue explícito en su mensaje: dijo que si Bullrich tiene aspiraciones políticas propias a futuro «está muy bien», pero dejó en claro que, desde el gobierno, la leen como una aliada. La declaración llegó en un momento de tensión visible, con Bullrich ocupando un rol legislativo clave en la Cámara alta y con señales de que no siempre acompaña la línea del Ejecutivo sin chistar.
Bullrich fue ministra de Seguridad durante la primera parte del gobierno de Milei antes de asumir su banca en el Senado. Su figura nunca fue del todo cómoda dentro de LLA: llegó al espacio desde el PRO, con una trayectoria propia y una base política que no depende exclusivamente del capital electoral libertario. Ese perfil la convierte en una voz con peso y margen de maniobra propio.
El dato que cambia la lectura es que el propio gobierno sintió la necesidad de aclarar públicamente su relación con ella, algo que no suele hacer con otros referentes del espacio. Cuando la Casa Rosada sale a «bajar la tensión» de forma explícita, es porque la tensión existe. La declaración de Ravier fue más una señal de alerta interna que una simple manifestación de confianza.
Hacia adelante, la pregunta es si Bullrich mantendrá una postura alineada en los debates legislativos que se vienen, o si seguirá marcando su propio ritmo desde el Senado. El escenario electoral de 2027 todavía está lejos, pero las posiciones se empiezan a definir ahora. Por el momento, no hay confirmación de ningún acuerdo formal ni de una candidatura propia de Bullrich.
Lo que quedó claro este martes es que la relación entre el Ejecutivo y una de sus figuras más pesadas en el Legislativo tiene fisuras que, por ahora, se tapan con declaraciones públicas. Si la tensión es estructural o coyuntural, lo van a revelar las votaciones que vienen.















