Jorge Bergoglio ya descansa tras un funeral multitudinario que ha reunido a “pobres” y poderosos: empieza ahora una etapa de luto conocido como los Novendiales que se entrelazará con las reuniones ‘precónclave’ desde este lunes.
Roma y el mundo se despiertan hoy sin el papa Francisco, en el primer domingo tras su muerte y el día después de su funeral. Los protocolos del Vaticano para los decesos de los pontífices se han aplicado con tal exactitud desde hace tantos siglos que es difícil imaginar que haya algo que se deje a la incertidumbre, pero así es: en periodo de Sede Vacante, la iglesia (con el voto de sus cardenales) está condenada ahora a buscar el rumbo que quiere seguir para su futuro y el mundo actual, independientemente de lo que pida la gente en la plaza o los poderosos del mundo.
La gestión inflexible hacia los abusos, la mayor implicación de la mujer en la toma de decisiones, la persecución a la corrupción en las finanzas vaticanas, la actitud aperturista hacia los homosexuales y la comunidad LGTBI… Hay muchas cosas que quedan pendientes.
En esta ocasión, la actualidad y los ritmos urgentes de los líderes han penetrado en el corazón de la tradición milenaria eclesiástica en uno de los momentos más solemnes para el catolicismo: el pontífice argentino y su adiós junto a 400.000 personas -según las últimas estimaciones- irán unidas en el imaginario colectivo también a esa ‘minicumbre’ diplomática que ha propiciado su entierro y que ha sentado frente a frente, en dos simples sillas, a Zelenski y Trump para buscar soluciones a la guerra de Ucrania.















