En el plano de la macroeconomía, uno de los grandes objetivos del Gobierno de Milei ha quedado relegado: la creación de un mecanismo para que los argentinos utilicen los dólares no declarados que atesoran fuera del sistema bancario. Estos «dólares del colchón» representan miles de millones de dólares en potencial liquidez que el Gobierno deseaba canalizar hacia la inversión productiva o la obra pública.
El plan inicial buscaba ofrecer algún tipo de incentivo o marco de seguridad para que los ciudadanos se sintieran cómodos al utilizar esos billetes en grandes transacciones, sin el temor de ser investigados o sancionados por la AFIP. El objetivo no era necesariamente un blanqueo amplio, sino una «amnistía de uso» que pusiera esos fondos en circulación, generando un efecto dinamizador en la economía.
Sin embargo, a pocos meses de finalizar el año, la iniciativa no se ha concretado. La falta de un marco legal claro y las complicaciones políticas para avanzar con un proyecto de estas características en medio de la crisis cambiaria han provocado que el plan quedara en un limbo. La cautela se impuso y el Gobierno decidió no arriesgarse a generar ruido con una medida que podría haber sido interpretada como un blanqueo encubierto.
Este estancamiento significa que una de las fuentes de capital más grandes de Argentina sigue fuera de la ecuación económica formal. Mientras el Gobierno lucha por sumar reservas a través de swaps y acuerdos externos, el masivo ahorro privado en moneda dura permanece inmovilizado, a la espera de un marco de confianza y estabilidad fiscal que, por ahora, la política no ha logrado ofrecer.















