
Washington lanzó una nueva oleada de ataques militares contra instalaciones iraníes, con el objetivo declarado de degradar la capacidad de Teherán para amenazar la libertad de navegación en el estratégico estrecho de Ormuz. La escalada eleva el riesgo de un conflicto regional de mayores dimensiones.
El estrecho de Ormuz es uno de los puntos de tránsito más sensibles del comercio global de hidrocarburos. Cualquier interrupción en esa vía marítima tiene consecuencias directas sobre los mercados de energía internacionales y las cadenas de suministro mundiales.
La comunidad internacional sigue con preocupación creciente la dinámica del conflicto. Potencias como China, Rusia y la Unión Europea han llamado a la desescalada, aunque hasta el momento sin resultados concretos que detengan las operaciones militares estadounidenses.















