El periodismo argentino despide hoy a una de sus plumas más lúcidas y respetadas, Ernesto Cherquis Bialo, quien falleció dejando un vacío irremplazable en las redacciones y los medios de comunicación. Maestro de cronistas y voz autorizada durante décadas, Cherquis Bialo no solo narró el deporte, sino que lo diseccionó con una elegancia literaria y un rigor analítico que elevaron la crónica deportiva a la categoría de arte. Su partida marca el fin de una era en la que el periodismo se ejercía con una profundidad humana y una ética profesional que sirvieron de guía para múltiples generaciones de comunicadores.
Nacido con la vocación de observar, Cherquis Bialo alcanzó la cúspide de su carrera como director de la mítica revista El Gráfico, donde impuso un estilo de cobertura que combinaba el dato estadístico con la narrativa cinematográfica. Su capacidad para entender la psicología del deportista le permitió construir perfiles memorables, especialmente en el ámbito del boxeo y el fútbol, donde fue testigo privilegiado de los hitos más grandes del siglo XX. Según colegas del sector, su visión trascendía el resultado de un partido para explicar el fenómeno social que rodeaba a cada evento, convirtiéndose en un sociólogo de la pasión popular.
Más allá del papel impreso, su labor como vocero de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) durante la gestión de Julio Grondona lo posicionó en el epicentro del poder deportivo, donde manejó con maestría los hilos de la comunicación institucional en tiempos complejos. A pesar de las controversias naturales de dicho rol, Cherquis nunca perdió el respeto de sus pares gracias a su honestidad intelectual y su manejo impecable del lenguaje. Expertos en comunicación destacan que su figura fue fundamental para profesionalizar los departamentos de prensa deportivos, aportando una seriedad y un orden hasta entonces poco frecuentes.
En la radio y la televisión, su voz pausada y su léxico enriquecido contrastaban con la urgencia del periodismo moderno, ofreciendo un refugio de reflexión para el oyente. Fue un firme defensor de la palabra bien empleada, combatiendo la vulgaridad en el discurso público y abogando por un análisis que priorizara el contexto sobre el escándalo. Sus participaciones en programas de debate se convirtieron en clases magistrales de historia del deporte, donde su memoria prodigiosa permitía conectar hechos del pasado con las problemáticas actuales, dotando de perspectiva a cada discusión.
El legado de Cherquis Bialo también se extiende a la formación académica y profesional, habiendo sido mentor de cientos de jóvenes periodistas que hoy ocupan lugares centrales en los medios nacionales e internacionales. Su generosidad para compartir conocimientos y su exigencia por la verificación de las fuentes dejaron una huella imborrable en el ADN del periodismo argentino. Diversas instituciones deportivas y círculos de periodistas han emitido comunicados lamentando su pérdida, coincidiendo en que su pluma será el estándar con el cual se medirán las futuras crónicas de nuestra historia deportiva.
La partida de Ernesto Cherquis Bialo invita a una reflexión profunda sobre el futuro de la profesión en la era de la inmediatez digital. Su trayectoria nos recuerda que, detrás de cada noticia, existe una responsabilidad ética y un compromiso con la verdad que no debe diluirse. Argentina pierde a un narrador excepcional, pero su obra permanece como un archivo vivo de la identidad cultural del país. El periodismo, en su sentido más puro, hoy guarda silencio para honrar a quien supo darle voz a las hazañas, las derrotas y el alma del deporte nacional.















