
El dirigente, condenado a perpetua por el femicidio de Cecilia Strzyzowski, sostiene la medida de fuerza desde hace dos semanas sin que la justicia haya modificado su situación procesal.
Emerenciano Sena, el dirigente social chaqueño condenado a prisión perpetua por el femicidio de Cecilia Strzyzowski, cumple este lunes 14 días en huelga de hambre. La medida de protesta tiene un objetivo concreto: presionar para obtener el beneficio de la prisión domiciliaria, que hasta ahora le fue negado por la justicia.
Sena fue uno de los condenados en el resonante caso Strzyzowski, que sacudió a la provincia del Chaco y tuvo repercusión nacional. El crimen de Cecilia, cuyo cuerpo nunca fue hallado completo, involucró a varios miembros del entorno del dirigente y derivó en uno de los juicios más seguidos del norte argentino en los últimos años. La perpetua fue la pena máxima que el tribunal pudo aplicar.
La prisión domiciliaria es un beneficio procesal que permite a personas condenadas o procesadas cumplir su condena en el hogar bajo determinadas condiciones, generalmente vinculadas a la edad, el estado de salud o la existencia de hijos menores a cargo. En el caso de Sena, no hay información pública confirmada sobre los fundamentos legales específicos que esgrime para solicitar ese régimen.
El dato que cambia la lectura de esta situación es la extensión de la huelga: 14 días sin ingesta de alimentos representan un riesgo sanitario real y suelen ser el umbral a partir del cual las autoridades penitenciarias y judiciales deben tomar alguna decisión, aunque sea para preservar la vida del detenido. La continuidad de la medida sin respuesta judicial es, en sí misma, información sobre cómo está siendo evaluado el reclamo.
La justicia chaqueña no se ha pronunciado públicamente sobre una eventual revisión de la situación de Sena. Cualquier resolución en ese sentido debería pasar por el tribunal que dictó la condena o por la cámara de apelaciones correspondiente, y en este tipo de casos los tiempos procesales no suelen acompañar la urgencia que genera una huelga de hambre prolongada.
El caso Strzyzowski marcó un antes y un después en la percepción pública sobre los vínculos entre el poder político informal y la violencia de género en el Chaco. Que Sena apele a una huelga de hambre como herramienta de presión es leído por distintos sectores de manera muy diferente: como un recurso legítimo de un condenado que disputa su situación procesal, o como una maniobra de quien sigue utilizando su capacidad de generar visibilidad pública aun desde la cárcel.















