
La FIFA tomó una drástica decisión al despedir al francés Kevin Lamour, funcionario que había alzado la voz públicamente contra el presidente Gianni Infantino. La medida se conoció este lunes y generó repercusiones en el mundo del fútbol internacional, donde las tensiones internas del organismo rector vuelven a quedar expuestas ante la opinión pública.
Lamour había cuestionado la gestión de Infantino en momentos particularmente sensibles: el mandatario suizo-italiano busca renovar su conducción por un cuarto período consecutivo, una ambición que no es compartida por todos los sectores dentro del organismo. El despido fue interpretado por analistas como una señal de que el entorno del presidente no tolera disidencias internas.
La situación se complejizó aún más cuando la Asociación Escocesa de Fútbol (SFA) retiró este mismo lunes su respaldo a la candidatura de Infantino. El apoyo de las federaciones nacionales es clave en la arquitectura de poder de la FIFA, y la pérdida del aval escocés suma un escollo concreto a sus aspiraciones de continuidad.
El panorama sugiere que la reelección de Infantino, que parecía un trámite, podría enfrentar resistencias crecientes. La acumulación de críticas desde adentro y desde federaciones miembro instala la pregunta sobre cuántos apoyos más podría perder el presidente antes de que se celebre la votación formal.















