
Gran Hermano, el último reducto de la televisión abierta argentina con capacidad de superar los dos dígitos de rating, atraviesa una etapa crítica. Finalizado el Mundial de Fútbol, el ciclo de Telefe no logró recuperar el impulso y sigue registrando una tendencia a la baja que preocupa a los productores y a la señal en general.
El reality es prácticamente el único programa de TV abierta que aún convoca a una audiencia masiva en un ecosistema audiovisual fragmentado por el streaming y las plataformas digitales. Su caída refleja no solo un problema puntual del formato, sino una crisis estructural del modelo televisivo tradicional que ya no logra retener a los espectadores frente a pantallas alternativas.
El desafío para Telefe es monumental: renovar la propuesta sin perder la identidad del formato que le dio resultados durante años. La industria televisiva observa con atención la evolución del ciclo, consciente de que lo que le ocurra a Gran Hermano marcará en gran medida el horizonte de la TV abierta argentina en el mediano plazo.















