
La Universidad Di Tella registró un retroceso del 5,9% en septiembre, revirtiendo el repunte de agosto que el oficialismo había festejado.
El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que elabora mensualmente la Universidad Di Tella volvió a caer en septiembre de 2026 y tocó el piso más bajo desde que Javier Milei asumió la presidencia. La baja del 5,9% deshace de un golpe la recuperación que el propio equipo de comunicación de la Casa Rosada había celebrado apenas un mes atrás.
El indicador, que se construye a partir de encuestas a ciudadanos sobre su percepción de la gestión, no discrimina una sola área de gobierno sino que mide la confianza global en la administración. La caída de este mes es una de las más pronunciadas en términos porcentuales desde el inicio del mandato y coincide con semanas de turbulencia cambiaria y tensión con sindicatos.
El ICG de la Di Tella es una de las mediciones de opinión pública más respetadas del país y tiene décadas de historia. Suele usarse como termómetro de ciclo político porque no mide intención de voto sino percepción de gestión, lo que lo hace menos volátil que otras encuestas pero también más difícil de revertir en el corto plazo.
El dato que cambia la lectura es la velocidad del deterioro: el repunte de agosto había sido presentado por el Gobierno como señal de que el ajuste empezaba a ser valorado por la sociedad. Que ese efecto se evaporara en un solo mes —y que la caída de septiembre supere en magnitud al alza anterior— sugiere que aquella recuperación fue circunstancial y no un cambio de tendencia.
Con las elecciones legislativas de medio término cada vez más cerca en el horizonte político, la evolución del índice será observada con lupa por el propio oficialismo y por la oposición. Si la tendencia negativa se consolida en octubre, es probable que el Gobierno intensifique anuncios de políticas de impacto directo en el bolsillo para intentar revertir la percepción. Eso, por ahora, es un escenario posible, no un hecho confirmado.
El nivel más bajo de confianza en toda la gestión Milei, registrado en plena segunda mitad del mandato, pone presión sobre un equipo político que apostó a que los resultados económicos se traducirían en respaldo social. Por ahora, los números de la Di Tella dicen lo contrario.















