El Presidente afirmó que mediciones como el EMAE «arrojan cualquier cosa» por las reformas estructurales, cargó contra economistas críticos y acusó a Axel Kicillof de empujar el riesgo país.
Javier Milei rechazó de plano que la economía argentina atraviese un proceso recesivo y descalificó los índices técnicos que dan cuenta de una contracción de la actividad. En una extensa entrevista televisiva previa a su gira internacional, el jefe de Estado sostuvo que indicadores de referencia como el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) «miden mal» y «arrojan cualquier cosa» debido a que las series desestacionalizadas supuestamente no logran captar la magnitud de los cambios estructurales aplicados por su gestión. Con esa premisa metodológica, el mandatario buscó blindar el relato de la recuperación frente a los números negativos que acumulan diversos sectores productivos.
Para justificar el derrumbe en las ventas minoristas que vienen reportando las distintas cámaras mercantiles, el mandatario argumentó que no existe un parate generalizado del consumo sino una mutación de hábitos hacia el comercio electrónico. En esa misma línea, acusó de «deshonestidad intelectual» a los analistas que advierten sobre el enfriamiento de la calle y disparó puntualmente contra los exfuncionarios Gabriel Rubinstein y Alfonso Prat-Gay, a quienes cruzó tras sus alertas por el atraso en el tipo de cambio. El Presidente también repartió culpas hacia el plano internacional: adjudicó la volatilidad local y las presiones sobre el mercado petrolero a las tensiones bélicas desatadas en el estratégico canal de Ormuz.
El frente financiero y la reciente escalada del riesgo país también tuvieron una particular explicación oficial. Lejos de admitir dudas en los mercados sobre la sostenibilidad del programa, Milei vinculó el nerviosismo de los bonos a la presencia de Axel Kicillof en Nueva York, a quien tildó de «energúmeno» por sus reuniones con inversores y acreedores de la deuda bonaerense. En el plano de las alianzas internas, el líder libertario bajó el tono a las críticas de Patricia Bullrich al asegurar que «los liberales no somos manada» y ratificar su sintonía con la ministra de Seguridad, mientras minimizó el impacto de cualquier rearmado opositor al calificar el eventual retorno kirchnerista como un «tren fantasma».
Entre las afirmaciones más llamativas de su discurso, Milei lanzó una cifra impactante al aseverar que su administración deportó «10 mil terroristas el año pasado y este año 20 mil», a quienes definió como agentes infiltrados desde el exterior con la intención de dinamitar el modelo argentino, un dato del que no brindó registros administrativos ni causas judiciales concretas. Asimismo, el Presidente defendió las obras y reformas dentro de la Residencia Presidencial de Olivos al caracterizarla como «una base militar» que alberga a 300 personas diarias y necesita estrictos protocolos de seguridad interior, desestimando cualquier cuestionamiento sobre gastos en mercadería o contrataciones del Estado.
De cara a los próximos pasos inmediatos, el mandatario encabezará una gira hacia Francia para inaugurar la Semana Argentina en París, una comitiva que integrará junto a una decena de gobernadores considerados aliados estratégicos. En el plano electoral hacia las presidenciales, Milei vaticinó que contará con un piso del 70% de respaldo ciudadano y afirmó que el Banco Central cuenta con un colchón superior a los 20 mil millones de dólares para contener eventuales corridas previas a las urnas, aventurando que la probabilidad de que el país caiga en un default de deuda es «cero».
Al desacreditar las herramientas estadísticas del propio Estado y justificar el desplome del consumo cotidiano en la migración digital, Milei redobló su apuesta doctrinaria en un momento en que la calle y los números privados marcan un pulso distinto. La apelación al factor Kicillof y a supuestas conspiraciones foráneas funciona como un escudo discursivo recurrente, pero la efectividad de ese relato quedará atada a la capacidad real del programa para traducir el ajuste en una reactivación palpable antes de que se abra formalmente el calendario electoral.















