
El operativo se realizó en el Hospital Perrando con intervención de CUCAI Chaco y permitió un trasplante renal y dos de córneas para pacientes de la región.
Una joven chaqueña de 24 años donó sus órganos tras su muerte y permitió que tres pacientes de la región del Noreste Argentino accedieran a trasplantes que pueden cambiarles la vida. El operativo de ablación y trasplante se llevó adelante en el Hospital Julio C. Perrando de Resistencia con la coordinación del Centro Único Coordinador de Ablación e Implante del Chaco, conocido como CUCAI Chaco.
De los órganos donados, uno fue destinado a un trasplante renal y dos pares de córneas permitieron realizar sendas intervenciones oftalmológicas en otros pacientes de la región. Los tres receptores son del NEA, aunque no se informaron datos personales de ninguno de ellos ni del estado de salud posterior a las intervenciones al momento del cierre de esta nota. La identidad de la donante tampoco fue revelada, en resguardo de la privacidad de su familia.
La donación de órganos en Argentina funciona bajo el principio de donante presunto desde la sanción de la llamada Ley Justina en 2018, que estableció que toda persona mayor de 18 años es donante a menos que haya dejado constancia expresa de su voluntad en contrario. Esta ley implicó un cambio cultural significativo y contribuyó a aumentar el número de donantes efectivos en el país, aunque la brecha entre la demanda y la oferta de órganos sigue siendo amplia.
El dato que dimensiona el impacto de esta historia concreta es la edad de la donante: 24 años. La muerte de una persona joven en circunstancias que habilitan la donación es siempre un hecho que interpela a la sociedad, y la decisión de su familia de sostener esa voluntad —o de no objetarla— hizo posible que tres personas recibieran una oportunidad que de otro modo podría no haber llegado. El sistema de salud del NEA, históricamente con menos recursos que el de las grandes urbes, se beneficia especialmente de cada operativo local exitoso.
El CUCAI Chaco continuará gestionando los casos de potenciales donantes que se detecten en los hospitales de la provincia. No hay anuncios de cambios normativos o de infraestructura asociados a este operativo en particular, pero cada ablación exitosa refuerza la capacidad operativa del sistema y la experiencia del equipo médico interviniente. La familia de la donante, que atraviesa el duelo, recibe el reconocimiento institucional por una decisión que tuvo consecuencias directas y verificables en otras vidas.
La historia de esta joven chaqueña es, en el marco de los números fríos del sistema de salud, uno de esos casos en que la tragedia individual se convierte en posibilidad concreta para otros. Tres pacientes del NEA tienen hoy una perspectiva distinta gracias a un operativo que funcionó con coordinación y rapidez. Es también un recordatorio de que registrar la voluntad de donación —o de no objeción— es una decisión que tiene consecuencias reales.















