Argentina se enfrenta a una de las demandas judiciales más voluminosas impuestas a un Estado soberano por un tribunal de Estados Unidos: el juicio por la expropiación de YPF. Con una condena inicial de USD 16.100 millones, que ha escalado a más de USD 17.500 millones con intereses, este litigio de diez años ha puesto en jaque las finanzas y la reputación internacional del país, con implicaciones profundas para su capacidad de atraer inversiones y emitir deuda.
La génesis de esta monumental disputa se remonta a la expropiación del 51% de las acciones de YPF en 2012, una decisión que, si bien buscaba reafirmar la soberanía energética, desató una compleja batalla legal que ha trascendido fronteras. El bufete Burford Capital, principal beneficiario del fallo, ha liderado la ofensiva legal, posicionándose como un actor clave en el devenir de esta causa, que ha sido comparada con otros históricos veredictos como el de las tabacaleras en 1998.
El proceso judicial se articula en tres instancias críticas. La primera es la condena en primera instancia, donde la jueza Loretta Preska eximió a YPF de responsabilidad directa, focalizando la deuda en el Estado argentino. La apelación de este veredicto, presentada en octubre de 2023, mantiene en vilo al gobierno a la espera de una resolución que podría llegar a principios del próximo año.
La segunda instancia se centra en la transferencia de acciones de YPF. La solicitud de Burford Capital para que Argentina ceda su capital accionario como método de cobro llevó a una orden judicial de la jueza Preska para la entrega del 51% de las acciones. Sin embargo, la Corte de Apelaciones ha suspendido temporalmente esta directiva, concediendo un espacio para que ambas partes presenten sus argumentos.
Finalmente, la estrategia «Alter ego» constituye la tercera instancia, un intento de Burford de fusionar legalmente la identidad de YPF con la del Estado argentino para acceder a los activos de la petrolera y otras entidades estatales como Enarsa. Este camino implica un exhaustivo proceso de discovery, incluyendo la solicitud de comunicaciones internas de funcionarios, lo que ha generado tensiones y frustración en el tribunal ante la percepción de falta de cooperación por parte de Argentina. El reciente apoyo del Departamento de Justicia de EE. UU. a la postura argentina podría influir en el curso de esta compleja fase.
A pesar de las señales de apertura a la negociación por parte de Burford, el gobierno argentino ha mantenido una postura intransigente, agotando todas las vías judiciales, incluida la posibilidad de recurrir nuevamente a la Corte Suprema estadounidense. Estar en desacato con una corte de EE. UU. podría tener repercusiones devastadoras para la estrategia de Argentina de reinsertarse en los mercados de deuda internacionales y atraer capital extranjero, como señalan expertos. La situación actual de la Procuración del Tesoro, marcada por filtraciones y despidos, añade una capa de complejidad a una defensa ya de por sí desafiante. Expertos como Sebastián Maril insisten en que, pese a los riesgos políticos, una negociación podría ser la vía más pragmatice y beneficiosa para los intereses nacionales.















