
El actor dijo que le «cagaría a piñas» al Presidente si se lo cruzara, en referencia a un enfrentamiento que tuvieron años atrás.
El actor Esteban Lamothe volvió a instalar su nombre en el debate político con una declaración que mezcla bronca personal e ideológica contra Javier Milei. «Lo cagaría a piñas si me lo cruzo en la calle», afirmó en declaraciones públicas, recordando un cruce que ambos tuvieron antes de que el libertario llegara a la presidencia. La frase generó repercusión inmediata en redes y medios.
Lamothe es uno de los actores argentinos más activos políticamente en la escena cultural porteña, con posicionamientos sistemáticos del lado del kirchnerismo y la defensa del financiamiento estatal al cine y las artes. En su declaración más reciente, además de la frase violenta, acusó a Milei de «odiarnos a los artistas» y de «odiar al cine», en referencia a los recortes al INCAA y a la cultura en general que aplicó la gestión libertaria.
Desde que asumió en diciembre de 2023, el gobierno de Milei redujo drásticamente el presupuesto del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y eliminó o recortó subsidios a organismos culturales. Eso generó una confrontación sistemática con el sector artístico, que en su mayoría se opuso públicamente al ajuste. Lamothe es una de las caras más visibles de esa resistencia.
Lo que cambia la lectura no es la opinión política de Lamothe —conocida y reiterada— sino la escalada en el lenguaje: amenazar con violencia física a un jefe de Estado, aunque sea en clave expresiva y coloquial, cruza una línea que puede ser usada por el oficialismo para victimizarse y desplazar el debate del fondo —los recortes culturales— hacia las formas.
Hasta ahora, el entorno presidencial no respondió públicamente a las declaraciones del actor. Es posible que el silencio sea estratégico: responder le daría más visibilidad a Lamothe y al reclamo del sector cultural. También es posible que la frase derive en una denuncia penal, herramienta que el espacio libertario ha usado en el pasado frente a expresiones de opositores.
El episodio refleja el nivel de crispación que atraviesa la relación entre el gobierno de Milei y el mundo cultural argentino. Más allá de la polémica puntual, el debate de fondo —financiamiento, rol del Estado en la cultura, libertad de expresión— sigue sin resolverse y seguirá generando fricciones mientras el ajuste presupuestario continúe vigente.















