
La directora presentó su documental sobre el asesinato del referente indígena Javier Chocobar y vinculó la creación artística con la resistencia política.
Lucrecia Martel eligió una frase que sintetiza su postura ante el mundo: «La respuesta a la violencia es la invención». Lo dijo en el cierre del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, el Filba, en una charla celebrada en el Malba que reunió a lectores, escritores y público interesado en el cruce entre arte y política.
La directora habló sobre su documental más reciente, centrado en el asesinato de Javier Chocobar, referente indígena de Tucumán, y en el reclamo territorial que precedió y siguió a su muerte. Chocobar fue asesinado en 2009 en el contexto de un conflicto por tierras ancestrales, y su caso se convirtió en emblema de la violencia contra comunidades originarias en Argentina.
Martel es una de las figuras más reconocidas del cine argentino a nivel internacional. Su trayectoria, que incluye películas como «La Ciénaga», «La niña santa» y «Zama», la ubica entre los directores latinoamericanos más influyentes de las últimas dos décadas. Su decisión de volcarse al documental sobre Chocobar marca una extensión de sus preocupaciones hacia el campo de los derechos de los pueblos originarios.
El dato que cambia la lectura de su intervención en el Filba es la elección del lenguaje: no habló de denuncia ni de protesta, sino de invención. Para Martel, la creación artística no es un reflejo de la realidad sino una forma activa de transformarla o de resistir lo que en ella es destructivo. Es una postura estética y política al mismo tiempo.
El Filba cerró su edición 2026 con esta charla como acto final, lo que le da un peso simbólico particular. Los organizadores eligieron a Martel para cerrar, no para abrir, y eso dice algo sobre el lugar que ocupa en el campo cultural argentino. Su intervención fue bien recibida por el público presente en el Malba.
La pregunta que deja flotando su frase es cuánto puede la invención frente a la violencia concreta. Martel no la responde directamente, y probablemente no quiera hacerlo: su apuesta es que el arte plantee las preguntas que la política evita, y que eso ya sea, en sí mismo, una forma de respuesta.















