
Un testimonio en primera persona publicado en Clarín refleja la experiencia de una mujer que lleva tres años en la menopausia y repasa cuatro décadas marcadas por el ciclo menstrual. La autora describe el impacto emocional de ese proceso y destaca que lo más sorprendente no fue el calor característico del que todos hablan, sino el silencio repentino de un cuerpo que dejó de demandar atención constante.
El relato abre una conversación necesaria sobre cómo la sociedad aborda —o evita— hablar de la menopausia con franqueza. Durante décadas, el tema fue tratado como un tabú o reducido a síntomas físicos, ignorando las dimensiones psicológicas y culturales de una etapa que afecta a millones de mujeres.
Cada vez más voces buscan resignificar esta transición como una instancia de autoconocimiento y no solo como un proceso médico. La visibilización de estas experiencias contribuye a desmantelar estigmas y a generar entornos más empáticos en el sistema de salud y en los vínculos cotidianos.















