El Gobierno nacional formalizó el envío al Congreso de la Nación de un ambicioso proyecto de ley destinado a reformar de manera integral la Ley General de Sociedades (N° 19.550), una normativa estructural que regula el funcionamiento de las empresas en el país y que no sufría modificaciones de esta magnitud en décadas. La iniciativa, impulsada conjuntamente por el Ministerio de Justicia y la Jefatura de Gabinete, busca desregular la constitución de firmas, flexibilizar las estructuras internas de gobernanza corporativa y adaptar la legislación a los estándares internacionales modernos. Desde el oficialismo, defienden que el cambio es clave para atraer inversiones y facilitar el clima de negocios.
Entre los cambios más significativos que introduce el borrador oficial se destaca la digitalización absoluta y la simplificación de los trámites de inscripción y registro para nuevos emprendimientos mercantiles. El proyecto prevé la eliminación de la presencialidad obligatoria para las asambleas de accionistas y reuniones de directorio de forma definitiva, habilitando los formatos virtuales con plena validez jurídica sin necesidad de aclaraciones estatutarias previas. Asimismo, se reduce de manera drástica el capital mínimo requerido para la constitución de las Sociedades Anónimas (S.A.), un monto que había quedado desactualizado por el proceso inflacionario previo.
Otro de los ejes de la reforma apunta a la flexibilización de los contratos de las Sociedades de Responsabilidad Limitada (S.R.L.) y las denominadas Sociedades por Acciones Simplificadas (SAS), figuras que el Gobierno busca potenciar tras los límites operativos impuestos en administraciones anteriores. La nueva redacción propone dotar de mayor autonomía de la voluntad a los socios fundadores para diseñar las cláusulas de salida, la distribución de dividendos y la resolución de conflictos internos mediante tribunales arbitrales privados. Esta flexibilización contractual pretende reducir la judicialización de los pleitos comerciales, acelerando los tiempos de resolución.
La reacción del arco empresarial y de los colegios de abogados comerciales frente al anuncio oficial fue, en términos generales, de cauteloso optimismo, aunque advierten por los desafíos de implementación en los registros provinciales. Analistas jurídicos señalan que, si bien la flexibilización es bienvenida para dinamizar la economía de servicios y las empresas de base tecnológica, es fundamental mantener controles cruzados que eviten la utilización de estas estructuras simplificadas para maniobras de lavado de activos o fraude fiscal. La Inspección General de Justicia (IGJ) jugará un rol central en la delimitación de las nuevas normativas de control.
Por el lado de la oposición legislativa, las posiciones se muestran divididas ante el ingreso de la norma en la Cámara de Diputados. Mientras los bloques de centro y de la oposición dialoguista se manifestaron dispuestos a discutir las reformas técnicas orientadas a la modernización, los sectores del kirchnerismo y la izquierda adelantaron su rechazo, argumentando que la flexibilización societaria debilita los derechos de las minorías accionarias y reduce la responsabilidad solidaria de los directores ante quiebras o deudas laborales. La pulseada parlamentaria obligará al oficialismo a aceptar modificaciones puntuales en el texto original.
El cierre de esta jornada abre un debate doctrinario de largo alcance para la estructura económica e institucional del país. La proyección para el tratamiento legislativo del proyecto dependerá de la velocidad con la que las comisiones de Legislación General y de Asuntos Constitucionales dictaminen el texto antes del inminente receso invernal. De transformarse en ley, la nueva normativa societaria reconfigurará las reglas de juego operativas para miles de pequeñas, medianas y grandes empresas argentinas, marcando un paso decisivo en el programa oficial de desregulación y apertura económica de los mercados domésticos.















