
La guerra en Ucrania sigue pasando factura dentro de Rusia. Según un análisis publicado por Clarín, la población rusa ha soportado estoicamente la ausencia de victorias militares contundentes en el frente, pero la falta de combustible derivada del conflicto comienza a golpear la vida cotidiana y genera un malestar creciente hacia el Kremlin.
Aunque una mayoría de los rusos encuestados expresa su deseo de que los combates lleguen a su fin, el apoyo al presidente Vladimir Putin se sostiene en parte por el férreo control informativo y la narrativa oficial. Sin embargo, los problemas concretos en el abastecimiento energético interno representan una grieta difícil de cubrir con propaganda.
La erosión de la imagen de Putin en sectores clave de la sociedad rusa podría tener implicancias en la sostenibilidad política del conflicto. Analistas internacionales señalan que la presión doméstica, más que la militar, podría ser el factor que eventualmente fuerce algún tipo de negociación o cambio de rumbo en la estrategia del Kremlin.















