
La represa de Salto Grande, compartida entre Argentina y Uruguay e inaugurada en 1979, enfrenta uno de los procesos de renovación tecnológica más significativos de su historia: el recambio de sus 14 turbinas de fabricación soviética, que llevan casi cinco décadas en funcionamiento. El negocio involucra millones de dólares y múltiples actores internacionales.
Las turbinas originales fueron construidas en la ex Unión Soviética y representaron, en su momento, un emblema del desarrollo energético regional. Hoy, su vida útil extendida genera interrogantes técnicos y económicos sobre la continuidad operativa de una infraestructura crítica para el suministro eléctrico de ambos países del Río de la Plata.
El proceso de licitación y reemplazo de los equipos implicará una inversión de gran escala y coordinación binacional. Especialistas del sector energético advierten que modernizar Salto Grande es estratégico no solo para garantizar el abastecimiento eléctrico actual, sino para adaptar la represa a las demandas crecientes de la región en las próximas décadas.















