
Altos mandos militares de las tres naciones se sientan en Riad en un contexto de agresiones crecientes del grupo yemení respaldado por Irán.
Los altos mandos militares de Turquía, Pakistán y Arabia Saudita se reunirán en territorio saudita para analizar la escalada de ataques atribuidos a los hutíes, el grupo armado yemení que opera con apoyo iraní. La convocatoria responde al aumento sostenido de las agresiones del grupo, que en los últimos meses han ampliado tanto el alcance geográfico como la sofisticación de sus ataques.
La sede elegida, Arabia Saudita, no es un dato menor: el reino es el principal objetivo histórico de los hutíes en la región y lleva años enfrentando drones y misiles provenientes de Yemen. Turquía y Pakistán, por su parte, aportan capacidades militares y diplomáticas diferenciadas, lo que convierte a esta cumbre en un intento de construir una respuesta colectiva con perfil propio, distinto al de la coalición liderada por Estados Unidos.
Los hutíes intensificaron sus operaciones desde que estalló el conflicto en Gaza en octubre de 2023, argumentando que sus acciones son una forma de presión solidaria con la población palestina. Esa narrativa les permitió ampliar su base de apoyo popular en varios países musulmanes, lo que complica cualquier respuesta militar exclusivamente punitiva.
El encuentro entre tres potencias de peso en el mundo islámico —con vínculos distintos con Irán y con Occidente— sugiere que existe una búsqueda de fórmulas que no dependan exclusivamente del paraguas estadounidense. Si eso implica un canal de negociación paralelo con Teherán o una postura más dura es, por ahora, una incógnita.
Lo que puede pasar a partir de esta reunión depende de los acuerdos que se alcancen puertas adentro. El escenario más probable es que se produzcan declaraciones de coordinación y compromisos de intercambio de inteligencia; una intervención militar conjunta sería un paso de otra naturaleza y requeriría consensos mucho más amplios.
La reunión en Riad es una señal de que la amenaza hutí ya no se procesa solo en los canales tradicionales de la seguridad regional árabe. Que Turquía y Pakistán estén en la mesa junto a Arabia Saudita marca un desplazamiento del eje de respuesta hacia una coalición islámica más amplia, con agendas propias que no siempre coinciden con las de Washington.















