
El relevamiento del Observatorio «Ahora Que Sí Nos Ven» contabilizó 142 femicidios directos entre enero y agosto de 2026.
El Observatorio «Ahora Que Sí Nos Ven» publicó su relevamiento de los primeros ocho meses de 2026 y el resultado es contundente: 173 mujeres y disidencias murieron como consecuencia de la violencia de género en la Argentina. Eso equivale a una víctima fatal cada 34 horas, un ritmo que no muestra señales de desaceleración respecto de años anteriores.
Del total de víctimas, 142 corresponden a femicidios directos, es decir, casos en que la víctima fue asesinada por su condición de género, en su mayoría por parejas o exparejas. El resto incluye femicidios vinculados —personas asesinadas en el entorno de la víctima principal— y otras categorías que el Observatorio releva desde hace años para dar una dimensión completa del fenómeno.
El Observatorio «Ahora Que Sí Nos Ven» es una organización de la sociedad civil que realiza el seguimiento de estos casos a partir de fuentes periodísticas y judiciales, ante la ausencia de estadísticas oficiales unificadas y actualizadas por parte del Estado nacional. Esa brecha de información institucional es, en sí misma, parte del problema.
El dato que más pesa es que la cifra de 2026 mantiene una tendencia estructural: desde que el movimiento Ni Una Menos instaló el femicidio como problema público en 2015, la cantidad de víctimas anuales no bajó de manera sostenida. Once años después, el promedio se sostiene por encima de una muerte cada dos días, lo que evidencia que los cambios normativos no se tradujeron en una reducción efectiva de la violencia.
A nivel institucional, el debate sobre la efectividad del sistema de protección a víctimas —medidas de restricción, botón antipánico, seguimiento judicial— sigue pendiente. Sin un sistema de estadísticas oficiales robusto y sin presupuesto suficiente para políticas de prevención, cualquier avance legislativo tiene un impacto limitado en los hechos.
Los 173 nombres que registra el Observatorio al cabo de ocho meses no son una estadística abstracta: son el indicador más brutal del fracaso del Estado en garantizar el derecho a vivir una vida libre de violencia. El relevamiento llega en un momento en que el presupuesto destinado a políticas de género en el nivel nacional fue recortado, lo que añade otro nivel de preocupación al panorama.















