
El pedido del Conicet por un sistema de alerta temprana ante el riesgo del Cerro Solo expone la brecha entre el conocimiento técnico disponible y la infraestructura de prevención real en zonas críticas de la Patagonia.
El reclamo del Conicet por un sistema de alerta temprana ante el riesgo de desprendimiento del Cerro Solo sobre el Lago Torre no es solo una advertencia geológica: es también un diagnóstico sobre el estado de la infraestructura tecnológica de monitoreo de riesgos naturales en la Argentina. El conocimiento científico existe; la plataforma para traducirlo en acción preventiva, todavía no.
Los sistemas de alerta temprana para deslizamientos y aludes lacustres combinan sensores sísmicos, estaciones de monitoreo de movimiento de suelo, cámaras remotas y redes de comunicación de emergencia. En países con alta exposición a estos riesgos, como Noruega, Japón o Suiza, estas redes operan de forma continua y están integradas a protocolos de evacuación automáticos. En Argentina, ese nivel de infraestructura es la excepción, no la regla.
El caso del lago Sarez en Tayikistán y el de Nepal —citado por los propios científicos del Conicet— muestran que los eventos de este tipo no son impredecibles si se los monitorea correctamente. En Nepal, la falta de sistemas de alerta contribuyó directamente a la magnitud de las víctimas. La comparación que traen los investigadores argentinos no es alarmista: es técnicamente pertinente.
El dato que cambia la lectura es que El Chaltén no es una localidad remota y despoblada: es uno de los destinos de trekking más visitados del mundo, con flujos turísticos que en temporada alta superan ampliamente la capacidad de respuesta de los servicios locales de emergencia. La ausencia de un sistema tecnológico de alerta temprana en ese contexto es una decisión de política pública con consecuencias potencialmente graves.
Implementar un sistema básico de monitoreo en tiempo real para el Cerro Solo requeriría coordinación entre el Conicet, la Administración de Parques Nacionales, el gobierno de Santa Cruz y organismos nacionales de gestión de riesgos. Ninguna de esas articulaciones está confirmada. Si el tema no escala en la agenda pública o legislativa antes del inicio de la próxima temporada turística, El Chaltén seguirá operando sin ese paraguas tecnológico.
La ciencia argentina tiene la capacidad de diseñar e implementar ese sistema: el Conicet cuenta con investigadores especializados en glaciología, geomorfología y riesgo natural. Lo que falta no es conocimiento sino decisión política y presupuesto. Mientras esa brecha persiste, el Cerro Solo sigue moviéndose y el Lago Torre sigue sin monitoreo permanente.















