
Lorena, emprendedora porteña dueña de un café de especialidad, expuso con crudeza la realidad económica de uno de los negocios gastronómicos más de moda en Argentina: el margen neto de rentabilidad apenas alcanza el 8% o 9% de la facturación anual. Una cifra que contrasta fuertemente con el auge visible del sector y la proliferación de locales en los principales barrios de Buenos Aires.
Detrás de la estética cuidada, los granos de origen y el equipamiento de alta gama, se esconden costos fijos elevados, alta rotación de personal y una clientela que, aunque fiel, no siempre alcanza para sostener la operación. La empresaria remarcó que la inflación y la volatilidad de los precios de los insumos complican la planificación financiera, obligando a ajustes constantes en la carta y en la estructura del negocio.
El testimonio de Lorena funciona como un espejo de una realidad más amplia: el emprendimiento gastronómico en Argentina enfrenta barreras estructurales que muchas veces no se ven desde afuera. En un contexto de estabilización gradual de precios bajo el programa económico del gobierno de Milei, el sector espera señales más claras para proyectar inversiones a mediano plazo.















