El ministro de Economía, Luis Caputo, ha salido al cruce de las críticas que señalan un presunto «atraso cambiario» en Argentina, defendiendo con firmeza el esquema de bandas o crawling peg implementado por el Gobierno. Utilizando datos duros sobre el comercio exterior, el funcionario desestimó las advertencias de diversos analistas y consultoras, apelando a un indicador clave: el récord en las cantidades exportadas. Según el titular del Palacio de Hacienda, el fuerte volumen de ventas al exterior es una prueba irrefutable de que el valor del dólar oficial mantiene niveles de competitividad adecuados.
El debate sobre el valor del tipo de cambio ha sido un constante en la agenda económica argentina, especialmente bajo esquemas de control y depreciación regulada. Los críticos del actual modelo sostienen que la alta inflación ha erosionado la ventaja competitiva inicial de la divisa, presionando por una nueva corrección que permita una mayor acumulación de reservas y evite una futura devaluación brusca. No obstante, Caputo ha catalogado esta preocupación como una visión simplista, señalando que la performance de las exportaciones refuta la tesis del «atraso».
El argumento central del ministro se basa en las estadísticas más recientes, que indican un aumento significativo en las cantidades exportadas, con el tercer trimestre de 2025 registrando un crecimiento superior al 30% en el segmento de Combustibles y Energía (CyE). Este incremento, argumenta, no se produciría si los exportadores percibieran un tipo de cambio poco rentable. Si bien el precio de los bienes exportados ha mostrado una variación negativa, el volumen físico demuestra una respuesta positiva del sector productivo al esquema actual, según la interpretación oficial.
Caputo ha utilizado, incluso en redes sociales, un tono irónico para desestimar la preocupación, señalando la supuesta contradicción de un programa económico que logra un récord de exportaciones mientras, simultáneamente, mantiene un tipo de cambio «atrasado». Para el equipo económico, la sostenibilidad del plan se apoya en la acumulación diaria de reservas por parte del Banco Central y en la capacidad de shock de la política monetaria y fiscal para contener las presiones inflacionarias.
Sin embargo, economistas ajenos al círculo oficial advierten que el incremento en las cantidades puede estar traccionado por factores exógenos, como la liquidación de stocks o el timing de la cosecha, más que por una competitividad genuina. Asimismo, sostienen que el costo de mantener el tipo de cambio anclado es la aceleración de la inflación de los bienes no transables, un fenómeno que tensiona la economía interna y profundiza la brecha con el costo de vida. Además, se recuerda que una devaluación es una herramienta de ajuste de precios relativos que, aunque costosa en términos inflacionarios, podría ser necesaria para rebalancear la balanza comercial a largo plazo.
En la proyección a futuro, la defensa del esquema cambiario por parte del ministro Caputo subraya la intención del Gobierno de evitar una devaluación shock en el corto y mediano plazo. La estrategia parece ser la de «licuar» el atraso cambiario vía inflación controlada y mayor superávit comercial, esperando una «gran entrada de dólares por exportaciones» para 2026. La clave de esta apuesta económica residirá en la capacidad de la política monetaria para reducir la inflación a un ritmo más rápido que la depreciación del tipo de cambio, una ecuación que el mercado sigue observando con escepticismo y volatilidad.















