
El Gobierno nacional salió a respaldar con fuerza el proceso de privatización del Belgrano Cargas, una de las líneas ferroviarias más extensas del país. Los ministros de Economía, Luis Caputo, y de Desregulación, Federico Sturzenegger, calificaron la concesión como un hito en la reforma del Estado y uno de los avances más significativos de la gestión libertaria en materia de infraestructura.
Sturzenegger fue contundente al justificar la medida: «Nuestro modelo corre al Estado de un rol en el que falló», sostuvo, en alusión a décadas de gestión deficitaria del sistema ferroviario público. Caputo, por su parte, enmarcó la decisión dentro de la estrategia de reducción del gasto y apertura a la inversión privada que sostiene desde el inicio de su gestión al frente del Palacio de Hacienda.
El Belgrano Cargas conecta provincias del norte y centro del país y es considerado estratégico para el transporte de granos y minerales. Históricamente, su operación bajo administración estatal generó pérdidas millonarias y un deterioro sostenido de la infraestructura, lo que el Gobierno usa como argumento central para justificar el traspaso al sector privado mediante concesión.
La medida genera rispideces en el arco opositor y en sectores sindicales, que advierten sobre el riesgo de desguace y pérdida de fuentes de trabajo. Sin embargo, el Ejecutivo anticipa que la concesión atraerá inversiones que el Estado nunca pudo garantizar y que mejorarán la competitividad logística del país en el mediano plazo.















