No hace falta ni mirar. Basta con escuchar el ruido de las pistolas -para aflojar y ajustar-, la entrada de la primera marcha y el arranque en poco más de dos segundos. Cuando algo no va bien en una parada en boxes de la Fórmula 1, se nota enseguida. Y Franco Colapinto lo sufrió dos veces en el Gran Premio de Hungría, arruinado por los errores en el trabajo de Alpine cuando entró a cambiar los neumáticos. ¿Qué salió mal?
11 segundos en la primera. 7 en la segunda. Lo que en otro deporte puede significar la nada misma, es una eternidad para el automovilismo, más a ese nivel. Las del argentino fueron por amplio margen las peores pasadas por el pit-lane: 30.248s y 26.280s, cuando el promedio rondó los 21. Ni el mérito de haber tenido el sexto mejor ritmo de carrera, con el peor auto del campeonato, lo hizo salir del fondo en el que lo hundió su propio equipo.















