
Un grave accidente aéreo alteró el desarrollo del tradicional festival «Gunfighter Skies Air Show» en los Estados Unidos, cuando dos aviones de combate F-18 de las fuerzas armadas colisionaron en pleno vuelo. El incidente ocurrió este domingo sobre la Base de la Fuerza Aérea de Mountain Home, en el estado de Idaho, ante la mirada de miles de espectadores que presenciaban las maniobras acrobáticas. A pesar de la espectacularidad del impacto y de la destrucción total de las aeronaves al caer a tierra, los cuatro tripulantes a bordo lograron activar con éxito sus sistemas de eyección, resultando ilesos en el percance.
El siniestro se produjo mientras las aeronaves, identificadas preliminarmente como modelos EA-18G Growler pertenecientes a la Marina estadounidense, realizaban pasajes en paralelo y formaciones de baja altura. De acuerdo con los testimonios de los asistentes y los videos registrados por los teléfonos móviles, los aviones se engancharon en el aire, perdiendo el control de forma inmediata y precipitándose hacia el suelo envueltos en una densa columna de humo. El narrador del evento confirmó la apertura de los cuatro paracaídas, llevando tranquilidad al público presente en las instalaciones militares.

Tras la colisión, las autoridades de la base activaron de inmediato los protocolos de emergencia y rescate, despachando ambulancias, camiones de bomberos y helicópteros sanitarios hacia la zona del impacto, que afortunadamente se encontraba alejada de las tribunas del público. Un portavoz oficial, Antwain Hanks, confirmó al diario Idaho Statesman que el personal militar se encontraba «a salvo» y bajo observación médica de rutina. La organización dispuso la suspensión inmediata del resto del cronograma del show y ordenó el desalojo ordenado del predio para facilitar las tareas de los peritos.
Expertos en aviación militar señalaron que el Gunfighter Skies regresaba este año tras una pausa extendida, y que las condiciones meteorológicas registradas durante la jornada —con ráfagas de viento considerables— ya habían obligado a suspender algunas actividades previas, como los saltos de exhibición en paracaídas. Este no es el primer incidente en la base de Idaho; la historia de la instalación registra un accidente mortal en 2018 con un ala delta y la caída de un F-16 del escuadrón Thunderbirds en 2003, donde el piloto también logró salvar su vida eyectándose a tiempo.
La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) junto con el Departamento de Defensa han iniciado una investigación exhaustiva para determinar las causas del choque, analizando los registros de telemetría y las comunicaciones de radio entre los pilotos. Al tratarse de aeronaves de última generación con tecnologías de alta sensibilidad, la recolección de los restos se llevará a cabo bajo estrictas medidas de seguridad nacional. Los daños materiales son multimillonarios, dado el costo de fabricación y mantenimiento que representan estas unidades de combate en la flota activa.
El cierre del evento dejó una profunda reflexión sobre los riesgos inherentes a las exhibiciones aéreas de alta velocidad en entornos públicos. Si bien las medidas de seguridad del predio evitaron una tragedia civil, el accidente reabre el debate sobre la necesidad de extremar los controles y la distancia de las maniobras de entrenamiento frente a zonas pobladas. La comunidad de Mountain Home aguarda el informe técnico definitivo, aliviada por el milagroso desenlace para los tripulantes, pero consciente de la delgada línea que separa el espectáculo de la catástrofe en el mundo de la aviación supersónica.















