
Una nueva ola migratoria sacudió a Ceuta, el enclave español ubicado en el norte de África, luego de que una avalancha de personas cruzara nadando desde territorio marroquí hacia las playas españolas de forma ilegal. La escena reavivó el debate europeo sobre gestión de fronteras y las tensiones diplomáticas entre Madrid y Rabat.
Las autoridades españolas desplegaron efectivos de seguridad para contener la situación y comenzaron los procedimientos de identificación y atención humanitaria de los migrantes. El gobierno de Pedro Sánchez enfrenta presión tanto de sectores que exigen mayor firmeza en el control fronterizo como de organizaciones de derechos humanos que reclaman protección para los llegados.
El episodio se suma a una serie de crisis similares que se repiten desde hace años en Ceuta y Melilla, y vuelve a poner en agenda la necesidad de una política migratoria europea coordinada. La Unión Europea observa el desarrollo de los hechos mientras España negocia con Marruecos los términos de la cooperación en materia de control migratorio.















