
Mientras la formación bruta de capital tocó mínimos históricos en julio, la llegada de equipamiento pesado para grandes proyectos energéticos rompió cuatro meses de caída libre en las importaciones. Las dudas del mercado sobre el derrame real.
La formación bruta de capital fijo sufrió en julio un nuevo y severo tropezón que volvió a poner en entredicho el esquema macroeconómico del Gobierno, basado conceptualmente en la inversión como motor genuino de la reactivación. Sin embargo, los datos de agosto mostraron una grieta en el pesimismo: un sorpresivo repunte del 11% en las importaciones de bienes de capital quebró una racha de cuatro meses de caídas consecutivas. La tracción provino casi en forma exclusiva de las compras al exterior realizadas al amparo del Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones (RIGI), lo que reabrió una intensa discusión técnica sobre si se trata del inicio de una recuperación firme o del simple impacto puntual de megaproyectos energéticos en un mar de atonía productiva.
El escenario de julio dejó guarismos preocupantes para las consultoras que monitorean la actividad interna. De acuerdo con las estimaciones de EcoGo, la inversión registró una caída del 8,8% interanual y del 6% mensual, empujada por bajas generalizadas en la construcción (-4,4%) y el equipo durable (-7,2%), con un desplome del 9,9% en la maquinaria de origen nacional. En la misma dirección, el índice de Inversión Bruta Interna Mensual de Orlando J. Ferreres & Asociados arrojó un retroceso del 3,5% respecto de junio (-8,1% interanual), dejando la serie desestacionalizada en sus niveles más bajos desde agosto de 2024. La inversión medida por la firma alcanzó los u$s 7.401 millones, lo que representó un exiguo 17,5% del Producto Bruto Interno, una cifra que se ubica entre las peores de los últimos años.
Estas mediciones ponen en evidencia la desconexión entre el relato oficial y la dinámica efectiva de la economía cotidiana. El marco teórico de la Casa Rosada estipula que la desregulación y los incentivos fiscales dispararían las decisiones de inversión privada para expandir el PBI. No obstante, las proyecciones de consultoras como Equilibra señalan que, hasta ahora, el endeble sostén de la actividad responde únicamente al consumo —calculado por residuo y traccionado por sectores de altos ingresos en rubros como turismo o autos importados— y a las exportaciones primarias. Con una demanda interna golpeada y la prudencia propia de un año previo a las elecciones presidenciales, la mayor parte de las empresas PYME e industriales postergan cualquier plan de equipamiento a largo plazo.
El dato disruptivo que encendió las calculadoras en el Ministerio de Economía llegó durante agosto con las compras de bienes de capital del régimen especial: las importaciones bajo el marco del RIGI alcanzaron la cifra récord de u$s 140 millones en un solo mes. Según un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA, elaborado por Federico Bernini, esa cifra equivale al 43% de todo lo ingresado desde el inicio del programa en enero de 2025. Apenas tres desarrollos explicaron dos tercios del total: el megaproyecto Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS) —integrado por PAE, Vista, Pampa Energía, Pluspetrol, Chevron, Tecpetrol y Shell— importó bombas y tubos; al tiempo que TGS y GEAR trajeron compresores de gas y grupos electrógenos. A la nómina se sumaron Sidersa, Southern Energy, San Matías y Rincón de Aranda, en un contexto donde las compras de insumos intermedios siguen congeladas y la importación de automóviles cayó un 29%.
Hacia adelante, el consenso de los analistas prevé que el deterioro de la inversión se modere en forma gradual, dependiendo directamente de la velocidad con que se ejecuten las obras aprobadas. Las proyecciones compiladas por el IIEP muestran que la inversión comprometida en activos computables bajo el RIGI suma u$s 11.807,9 millones para sus primeros dos años de vigencia. No obstante, diversos economistas remarcan las limitaciones estructurales de este proceso: se observa una marcadísima concentración sectorial enfocada en hidrocarburos y minería de enclave, desprovista por el momento de políticas explícitas que promuevan la articulación con proveedores nacionales o el desarrollo de cadenas de valor industriales en el mercado doméstico.
El ingreso masivo de maquinaria pesada para el sector energético demuestra que los incentivos tributarios y cambiarios del RIGI están operativos y captan grandes capitales corporativos. La incógnita política y económica es si la llegada de estos dólares logrará derramarse hacia el tejido fabril golpeado y la construcción civil, o si la economía argentina quedará partida entre un dinámico enclave extractivo-exportador y un entramado industrial urbano en prolongado estancamiento.















