Ante el abroquelamiento de los bloques federales para fijar plazos sobre endeudamiento y discapacidad, La Libertad Avanza recalculó su estrategia. El oficialismo buscará disputar en el recinto el cronograma de comisiones, condicionado por la presión de los gobernadores.
La oposición en la Cámara de Diputados logró abroquelarse y forzar el debate para este miércoles con el objetivo de imponer plazos a los proyectos sobre endeudamiento y emergencia en discapacidad. Ante la certeza de que el interbloque opositor contaba con los números necesarios para alcanzar el quórum, el oficialismo de La Libertad Avanza (LLA) se vio obligado a dar un giro pragmático de último momento: decidió bajar al recinto y dar quórum para dar pelea desde adentro y evitar perder de manera total el control de la agenda legislativa.
La jugada comenzó a sellarse en la tarde del martes, cuando el jefe de la bancada libertaria, Gabriel Bornoroni, convocó de urgencia a una reunión en el Salón de Honor de la Presidencia de la Cámara, comandada por Martín Menem. Al encuentro asistieron los jefes de bloques aliados y dialoguistas clave para inclinar la balanza, entre ellos Pamela Verasay (UCR), Federico Sánchez Wrba (PRO), Oscar Herrera Ahuad (Argentina Federal), Karina Maureira (La Neuquinidad), Gladys Medina (Independencia) y Nancy Picón (Producción y Trabajo). Allí, ante la firme postura de los bloques provinciales —incluyendo los alineados con los gobernadores de Misiones, Salta (Gustavo Sáenz) y Catamarca (Raúl Jalil)— de sesionar a toda costa, el oficialismo debió garantizar su presencia.
El retroceso de la Casa Rosada desnudó el fracaso de su estrategia previa. Días antes, el oficialismo había intentado "primerear" a la oposición convocando de apuro a las comisiones de Finanzas y Discapacidad, lideradas por los libertarios Santiago Pauli y Gerardo Huesen, con el claro objetivo de desactivar la sesión especial vaciándola de argumentos. Sin embargo, las bancadas federales, cuyo peso numérico es decisivo en un recinto fragmentado, mantuvieron intacto su compromiso de sentarse en las bancas. Esto forzó al oficialismo a pasar de tildar la sesión de "show político" a sentarse a negociar contrarreloj para coordinar el debate.
Detrás de la disputa por los plazos de dictamen, que ambas partes coinciden en fijar para fines de septiembre —el 23 para discapacidad y el 30 para morosidad—, subyace una fuerte tensión por el gasto público. Mientras LLA insiste en que no avalará ninguna iniciativa con "costo fiscal", el PRO metió presión pública al exigir un cronograma claro de pagos para los prestadores de discapacidad. Como alternativa para esquivar leyes gravosas para las arcas del Estado, el oficialismo ya baraja salidas laterales: sugerir que el Banco Central intervenga vía resolución para el tema del endeudamiento, o canalizar los fondos de discapacidad a través de partidas específicas en el Presupuesto, evitando así proyectos de ley de la oposición.
Con el quórum asegurado para este miércoles, el recinto se convertirá en el escenario de una batalla procedimental para definir quién impone el cronograma de trabajo. La oposición buscará votar su propio esquema de emplazamiento a las comisiones, mientras que LLA intentará blindar la propuesta de sus presidentes de comisión para dictaminar en las fechas pactadas. El bloque Provincias Unidas, que cuenta con 18 miembros fundamentales, ya adelantó asistencia casi perfecta, y desde el MID confirmaron que Eduardo Falcone también dará quórum, lo que estrecha el margen de maniobra del oficialismo para cualquier maniobra dilatoria.
Esta pulseada legislativa expone, una vez más, la extrema dependencia del oficialismo de los bloques dialoguistas y la debilidad de su estrategia de confrontación directa cuando los gobernadores deciden jugar en sintonía. La sesión de este miércoles no sancionará leyes de inmediato, pero funcionará como un termómetro preciso del poder real en Diputados: si la oposición unificada logra imponer las condiciones del debate, el Gobierno nacional se enfrentará a un fin de septiembre con dictámenes listos para ser votados, desafiando el dogma del déficit cero.













