El jefe de Gabinete defendió la reforma electoral del oficialismo, minimizó la falta de acuerdo inmediato con los gobernadores y comparó la transformación económica del país con pasar de un "Fitito roto" a un Tesla.
El jefe de Gabinete, Diego Santilli, se metió de lleno en la discusión parlamentaria por el futuro del sistema electoral y ratificó este domingo que el Congreso terminará aprobando la suspensión o eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Lejos de mostrarse preocupado por el impacto que esa modificación pueda tener en las urnas, el funcionario aseguró con firmeza que Javier Milei se impondrá en los próximos comicios sin importar las reglas de juego.
Durante una entrevista concedida a LN+, Santilli argumentó que la iniciativa oficialista no busca una ventaja política partidaria sino responder al reclamo de la ciudadanía. En esa línea, cuestionó que los votantes deban concurrir a las urnas hasta cinco o seis veces en un solo año, criticó el costo fiscal que representan los comicios primarios —al que estimó en unos 200 millones de dólares— y rechazó la extensión de los espacios cedidos a la propaganda política durante noventa días.
El trasfondo de esta ofensiva legislativa tropieza, sin embargo, con las complejidades habituales de la rosca política en el Congreso. Si bien la Casa Rosada aspiraba inicialmente a obtener la sanción de la ley este mismo mes de octubre, las negociaciones con los mandatarios provinciales se diluyen debido a una persistente desconfianza mutua. Pese a este freno temporal, Santilli apeló a los antecedentes parlamentarios de la gestión —como la aprobación de la Ley Bases, la reforma laboral y la llamada reiterancia— para vaticinar que los gobernadores terminarán cediendo ante la presión social.
El dato más revelador de la intervención del ministro coordinador pasa por su lectura estratégica sobre el principal adversario político. A contramano de quienes pronostican un peronismo fracturado e inerme tras la difusión de imágenes recientes de Sergio Massa, Máximo Kirchner y Axel Kicillof operando por separado, Santilli descartó de plano una ruptura definitiva y advirtió que el peronismo llegará unificado al momento de la verdad electoral.
Las próximas semanas pondrán a prueba la capacidad de negociación de la administración libertaria en ambas cámaras legislativas, donde el oficialismo deberá articular mayorías con sectores dialoguistas para destrabar el texto electoral antes de que el calendario comience a apretar. En paralelo, el Gobierno buscará capitalizar su discurso económico, centrado ahora en debatir la velocidad del crecimiento y en confrontar fuertemente con la gestión bonaerense de Axel Kicillof.
La apuesta del oficialismo es sostener la narrativa de la transformación estructural frente a una oposición que, según la lectura oficial, intenta desacelerar los cambios. Con la mira puesta en el armado político de cara al próximo tramo de la gestión, el Ejecutivo confía en que el pulso de la calle terminará por inclinar la balanza en el Congreso.














