La fecha conmemora el natalicio del máximo ídolo del club, quien jugó 21 años en Primera, anotó 16 goles en Superclásicos y cortó la histórica sequía de 18 años sin títulos locales.
Cada 28 de septiembre, el universo de River Plate conmemora el Día Internacional del Hincha. Lejos de tratarse de una iniciativa comercial o de un mero festejo espontáneo en redes sociales, la jornada responde a un homenaje oficial hacia Ángel Amadeo Labruna, la figura más determinante en la construcción de la identidad riverplatense tanto con los botines puestos como desde el banco de suplentes.
Nacido el 28 de septiembre de 1918, Labruna vistió la banda roja durante 21 temporadas consecutivas en la máxima categoría. Su ciclo como delantero izquierdo dejó marcas estadísticas difíciles de empardar: cosechó nueve campeonatos locales y siete copas oficiales, disputó 515 encuentros —cifra superada únicamente por los 520 partidos de Amadeo Carrizo— y se convirtió en el verdugo definitivo de Boca al alcanzar el récord absoluto de 16 goles en la historia del Superclásico.
El peso de Labruna en la historia grande del club no concluyó con su retiro como futbolista. Tras iniciar su recorrido como director técnico y coronarse campeón al frente de Rosario Central en el Torneo Nacional de 1971, asumió el mando táctico del primer equipo de Núñez en una etapa crítica. Fue en 1975 cuando rompió la histórica y angustiante racha de 18 años sin vueltas olímpicas, un hito que reconfiguró el ánimo institucional del club.
La transformación de este aniversario en una efeméride formal se gestó desde las bases riverplatenses. En 2003, la Subcomisión del Hincha, presidida en ese momento por Fernando Guarini, elevó la propuesta para designar el natalicio de Labruna como fecha de celebración comunitaria. La Comisión Directiva aprobó la iniciativa por unanimidad, consolidando en los estatutos institucionales un tributo que los simpatizantes ya sostenían de forma popular en las tribunas del Monumental.
Con más de dos décadas de vigencia oficial, la jornada moviliza cada año a filiales, peñas y agrupaciones en Argentina y en el exterior a través de eventos, publicaciones y actividades conmemorativas. A la par de los saludos protocolares entre fanáticos, la institución aprovecha la fecha para desplegar piezas audiovisuales y campañas de pertenencia, integrando a las nuevas generaciones a la mística forjada en el siglo pasado.
A más de cuatro décadas de su muerte en 1983 —ocurrida mientras ejercía como entrenador de Argentinos Juniors—, la figura de Ángel Labruna permanece intacta como la vara con la que se mide el arraigo en Núñez. El 28 de septiembre no solo rescata una efeméride del calendario deportivo; ratifica la influencia de un protagonista clave que sacó a River de su momento más oscuro y definió el gen competitivo de su historia.















