Tras la goleada 3-0 ante Benín y su discurso de despedida de la Selección Argentina, el capitán protagonizó junto a su hijo mayor el momento más conmovedor de la noche en Núñez.
Lionel Messi le puso punto final a su ciclo con la camiseta de la Selección Argentina en el estadio Monumental, pero la escena que sintetizó el cierre definitivo de su era no se produjo frente al arco ni en la estadística del 3-0 ante Benín: ocurrió minutos después del pitazo final, cuando su hijo mayor, Thiago, rompió en llanto sobre el césped y buscó refugio en los brazos del capitán ante más de 80 mil personas.
El Diez, autor de un tanto de penal en la victoria sobre el conjunto africano, tomó el micrófono en el centro del terreno de juego para pronunciar su discurso de despedida. Junto a él estuvieron su esposa, Antonela Roccuzzo, y sus tres hijos —Thiago, Mateo y Ciro—, quienes ya habían ingresado de su mano durante la presentación de los planteles y la entonación del himno. Tras recorrer los costados de la cancha para saludar a los hinchas que colmaron las tribunas, Messi volvió a convocar a su familia al círculo central; allí, visiblemente conmovido, el primogénito se fundió en un abrazo prolongado con su padre mientras las cámaras oficiales transmitían en directo la postal más íntima de la jornada.
Una presencia familiar semejante sobre el verde césped solo registraba como antecedente inmediato la fiesta de marzo de 2023 frente a Panamá, cuando el plantel celebró la obtención de la tercera estrella mundialista conseguida en Qatar 2022. Aquella jornada, calificada por el propio Messi durante su discurso como "la mejor noche de mi vida", representaba la cumbre de la gloria deportiva; este nuevo encuentro en Núñez, en cambio, formalizó la despedida sin retorno del máximo referente histórico del combinado albiceleste ante el público local.
El quiebre emocional de Thiago expuso también un cambio generacional: nacido en Barcelona el 2 de noviembre de 2012, el hijo mayor de la pareja ya no es el niño que correteaba pateando botellas vacías tras las consagraciones de su padre, sino un preadolescente plenamente consciente de la trascendencia del momento. En sus palabras de adiós, el propio capitán anticipó el nuevo rol que asumirá en esta etapa al advertir que a partir de ahora pasará a ser "un fanático más" de la Selección, una frase que confirma el vacío inmediato que quedará en el vestuario nacional.
Con la salida confirmada de Messi del plano internacional, la Selección que conduce Lionel Scaloni ingresa formalmente en una etapa de reconfiguración estructural. El cuerpo técnico y la dirigencia de la AFA deberán asimilar la pérdida del eje futbolístico y anímico del equipo de cara a los próximos compromisos oficiales, mientras el astro completará su carrera profesional en el fútbol de clubes antes de colgar los botines de forma definitiva.
Entre una ovación atronadora y las lágrimas de un hijo que entendió el peso del momento histórico, el Monumental despidió al futbolista más determinante de su historia moderna. El abrazo en el centro del campo de juego no solo exhibió la contención de una familia que transitó dos décadas bajo la exigencia de la élite deportiva, sino que materializó el punto final para una época irrepetible del fútbol argentino.















