A cinco años de su diagnóstico de ELA, el exsenador reflexiona sobre el miedo a la muerte, autocrítica a Cambiemos y su visión sobre la gestión libertaria. Descarta volver a ser candidato.
A cinco años de ser diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), el exministro de Educación y exsenador Esteban Bullrich reapareció públicamente con una profunda reflexión sobre la vulnerabilidad, la política y la gestión de Javier Milei. Lejos de las apetencias electorales que supo agitar en el pasado, el referente opositor aseguró que hoy una candidatura está completamente fuera de sus planes para priorizar a su familia, aunque ratificó que su vocación de servicio sigue intacta a través de la promoción del diálogo.
En una extensa entrevista concedida a Clarín, en la que se comunicó con la ayuda de tecnología y sus enfermeros debido al avance depredador de la enfermedad sobre su cuerpo, el exfuncionario profundizó sobre los dilemas del poder actual. Bisnieto del fundador del Patio Bullrich y primo lejano de la ministra Patricia Bullrich, el dirigente combinó su mirada íntima sobre el miedo a la muerte y la fe con un análisis filoso del escenario político nacional, marcando distancias con las formas que imperan en la Casa Rosada.
El paso de Bullrich por la gestión pública incluye hitos de peso en el PRO, como su paso por la cartera educativa nacional durante la presidencia de Mauricio Macri y su posterior paso por el Senado. Desde esa experiencia institucional, el exlegislador analizó tanto los aciertos como los errores del espacio fundado por el expresidente, admitiendo fallas estructurales en la construcción de poder y en la búsqueda de consensos políticos amplios durante aquel mandato que concluyó en 2019.
El pasaje políticamente más filoso de su reaparición se centró en la administración libertaria, a la que le reconoció valentía pero le cuestionó duramente los métodos. "Valoro que el Gobierno haya tenido el coraje de enfrentar problemas estructurales que la Argentina viene postergando, pero me preocupa profundamente la forma de ejercer el poder", sentenció, al advertir que el presidente Javier Milei "confunde muchas veces firmeza con agresividad, convicción con intolerancia y liderazgo con confrontación".
A la par de sus críticas al oficialismo, Bullrich ensayó una autocrítica hacia el interior de Juntos por el Cambio al recordar que su espacio cometió el error fundamental de creer que podía transformar el país "solamente con su propia fuerza", sin tejer los acuerdos necesarios. En esa línea, el exsenador alertó que ninguna transformación será duradera si la política persiste en el esquema de amigos y enemigos, una lógica que, según advirtió, puede servir para ganar una elección pero resulta estéril para construir una nación.
Con el foco puesto en la publicación de su libro "Liderazgo espiritual" y en su nueva forma de contemplar la vida tras haber aprendido a comunicarse mediante los ojos, Bullrich dejó en claro que su influencia en el debate público transitará carriles ajenos a la disputa por cargos públicos. Mientras la enfermedad modificó por completo su relación con el tiempo y el control, su advertencia sobre la necesidad de recuperar la humildad, la cooperación y el perdón resuena como un llamado de atención para propios y ajenos en medio de la polarización.













