
Corea del Sur goleó 3-0 a la selección ecuatoriana y el Muñeco apuntó a que el golpe sirva como aprendizaje: «Está bueno que duela».
Marcelo Gallardo vivió un debut amargo como entrenador de la selección de Ecuador. El equipo cayó 3-0 como visitante ante Corea del Sur en un resultado que los medios ecuatorianos calificaron sin anestesia como una goleada humillante para el estreno del técnico argentino.
El propio Gallardo reconoció la magnitud de la derrota al hablar con la prensa: «No estaba dentro de lo previsto el resultado», afirmó, en una frase que al mismo tiempo admite el fracaso y lo enmarca como algo excepcional. Lejos de bajar la cabeza, el Muñeco optó por un discurso de resiliencia: «Está bueno que duela», dijo, apuntando a que la mala experiencia sea combustible para el proceso que viene.
Gallardo llegó a Ecuador después de su ciclo extraordinario en River Plate, donde acumuló títulos históricos incluyendo dos Copas Libertadores. Su arribo a la selección ecuatoriana generó expectativas altas en un país que busca volver a ser protagonista en el fútbol sudamericano, algo que el debut ante Corea del Sur complicó desde el arranque.
Lo que cambia la lectura del resultado no es solo el marcador sino el contexto: perder 3-0 en el debut implica que las primeras imágenes de Gallardo al frente de Ecuador quedaron asociadas a una derrota abultada, algo que en el fútbol de selecciones tiene un impacto simbólico desproporcionado respecto a lo que representa un solo partido.
El proceso de Gallardo al frente de Ecuador recién comienza y hay eliminatorias y compromisos oficiales por delante que darán una imagen más completa del proyecto. Lo que el DT necesita en el corto plazo es mostrar reacción en los próximos encuentros para que el discurso del «está bueno que duela» no quede como una frase vacía sino como el punto de partida de una curva ascendente.
Gallardo cerró su primera conferencia de prensa como seleccionador ecuatoriano con confianza en el proceso, pero el 0-3 es el único número que importa por ahora. En el fútbol, los técnicos tienen tiempo para construir narrativas, pero ese tiempo se acorta rápido si los resultados no acompañan.















