El canciller recorrió las instalaciones de Seatrium para supervisar obras vinculadas a Vaca Muerta, pero en esos mismos talleres está programado el reacondicionamiento del barco petrolero estrella de una empresa sancionada por la Argentina.
El canciller Pablo Quirno protagonizó una llamativa escena diplomática en Singapur al visitar los talleres navales de Seatrium, la compañía contratada para reacondicionar el buque petrolero central del proyecto Sea Lion en las Islas Malvinas. El desembarco del funcionario en el predio asiático encendió de inmediato alarmas en el Palacio San Martín: la nave que prevé ingresar a ese astillero pertenece a una empresa expresamente sancionada por la administración de Javier Milei por realizar actividades ilegales en aguas argentinas en disputa.
La escala oficial de Quirno —quien se mostró con casco de seguridad junto a Marlin Khiew, vicepresidente de Seatrium— tuvo como argumento formal inspeccionar los avances en el FLNG Golar Hilli Episeyo, la planta flotante contratada para licuar y exportar gas de Vaca Muerta desde las costas de Río Negro. Sin embargo, Seatrium fue seleccionada en julio para intervenir el Aoka Mizu, un buque de producción, almacenamiento y descarga (FPSO) de la neerlandesa Bluewater Energy Services. La firma opera bajo bandera de Islas Marshall para el consorcio compuesto por la israelí Navitas Petroleum (65%) y la británica Rockhopper Exploration (35%), que planea bombear inicialmente 55.000 barriles de crudo diarios en la cuenca norte de Malvinas hacia 2027 y escalarlo a 180.000 barriles para 2028.
El episodio expone la fragilidad de sostener un esquema de sanciones punitivas en una industria hidrocarburífera global altamente concentrada e interconectada. Hasta este viaje, la política exterior libertaria venía mostrando señales de distensión y diálogo con Londres, mientras que el avance unilateral británico sumaba provocaciones con la compra de una segunda plataforma flotante, la OSX-1, por 44 millones de dólares. La ley argentina castiga a toda empresa que preste servicios a concesiones petroleras otorgadas por el gobierno colonial de las islas, lo que vuelve jurídicamente incompatible la convivencia comercial con los mismos proveedores que asisten la usurpación de recursos.
El dato que altera la lectura de la visita es la situación contractual y geográfica de la nave en cuestión: a pesar del acuerdo anunciado para su puesta a punto en Singapur, el Aoka Mizu todavía no ingresó a los diques de Seatrium y permanece amarrado en una isla de Indonesia. En el entorno diplomático circulan dos hipótesis: mientras voces cercanas al oficialismo deslizaron en redes que la visita buscó presionar la caída del contrato por aplicación de sanciones internacionales, en la industria hidrocarburífera no descartan que los operadores retrasen las tareas para contener costos, tras haber desembolsado un sobrecosto de 45 millones de dólares al mudar las obras de Medio Oriente a Asia por el conflicto bélico con Irán.
El verdadero impacto de este movimiento se develará la próxima semana en los estrados judiciales internacionales. La Argentina formalizará ante el Tribunal Internacional del Mar un pedido urgente de medidas cautelares para exigirle al Reino Unido que paralice cualquier avance extractivo en la zona en disputa. La iniciativa representa un volantazo de 180 grados respecto a la política de no confrontación ensayada hasta ahora por la gestión de Milei y colocará bajo la lupa del derecho marítimo global contratos como los de Bluewater y Seatrium.
Entre el pragmatismo de promocionar las inversiones de Vaca Muerta y la defensa irrenunciable del reclamo soberano, la presencia de Quirno en el astillero dejó al Gobierno frente a una contradicción expuesta. En los próximos días la Casa Rosada deberá clarificar ante los tribunales y el Congreso si la foto en Singapur formó parte de una silenciosa ofensiva para frenar el proyecto Sea Lion o si se trató de una desatención diplomática que terminó legitimando a los prestadores logísticos de la ocupación británica.













