
Crocantes por fuera y esponjosos por dentro, los gofres de Bruselas ganan terreno en las cocinas argentinas como alternativa al desayuno o la merienda festiva.
Los gofres de Bélgica están viviendo un momento de popularidad en Argentina, impulsados por su facilidad de preparación y por su resultado visualmente atractivo para compartir en redes. La receta clásica de Bruselas, con su característica textura crocante en la corteza y una miga esponjosa en el interior, se puede preparar en seis pasos según difundió TN, y no requiere equipamiento profesional ni ingredientes difíciles de conseguir.
El gofre belga —también conocido como waffle en su versión norteamericana— tiene su origen en la gastronomía de Bruselas, donde es un clásico callejero que se sirve con azúcar impalpable, crema o frutas. La versión de Bélgica se diferencia de la americana por su mayor espesor, sus cuadrículas más profundas y su masa levemente fermentada, que le da esa textura aireada característica.
Para preparar la masa, los ingredientes básicos incluyen harina, huevos, manteca, leche, levadura y una pizca de azúcar. El proceso de fermentación —aunque breve— es el paso que más se salteaba en las versiones rápidas y que ahora los cocineros caseros están recuperando para lograr el resultado auténtico. La clave está en no sobre mezclar la masa y respetar los tiempos de reposo.
Lo que diferencia a la receta original de las versiones instantáneas que circulan en redes es precisamente ese paso de fermentación y la proporción de manteca en la masa. Sin esos dos elementos, el resultado puede ser rico pero no es un gofre belga genuino: se convierte en una crepe gruesa cocinada en plancha cuadriculada, que es una categoría distinta aunque también apetecible.
La popularidad de esta receta en Argentina coincide con un fenómeno más amplio de interés por la gastronomía europea clásica entre cocineros caseros, impulsado en parte por el contenido de creadores culinarios en Instagram y YouTube. Es probable que la tendencia se consolide en los próximos meses, especialmente de cara al invierno, cuando las preparaciones calientes y contundentes ganan protagonismo.
Más allá de la moda, el gofre belga tiene méritos propios que justifican su lugar en la mesa: es versátil, permite variaciones dulces y saladas, y se adapta bien a los ingredientes disponibles en cualquier cocina argentina. La receta en seis pasos que circula esta semana puede ser la puerta de entrada para que muchas familias lo incorporen como una nueva tradición de fin de semana.















