
El velorio del artista se convirtió en un acto de duelo colectivo que excedió el mundo de la música y atravesó la identidad cultural uruguaya.
Uruguay se detuvo para despedir a Rubén Rada, uno de los músicos más queridos e influyentes de su historia. El velatorio se realizó en el Palacio Legislativo de Montevideo, donde familiares, amigos y una multitud de fanáticos se acercaron a dar el último adiós al cantante, en un clima que combinó el llanto con los aplausos y la presencia masiva de banderas del Club Atlético Peñarol, del que Rada era hincha confeso y símbolo.
Rada fue una figura central de la música rioplatense durante décadas. Fusionó el candombe, el rock, el jazz y el pop con una identidad inconfundible, y dejó un catálogo de canciones que son parte del patrimonio cultural uruguayo. Su popularidad trascendió ampliamente las fronteras de su país, con una trayectoria reconocida en Argentina, Brasil y Europa.
El uso del Parlamento como sede del velatorio no es casual: en Uruguay, ese espacio se reserva para figuras que tienen un impacto cultural o político de dimensión nacional. Que las autoridades habilitaran ese escenario para despedir a un músico —y no a un político o estadista— dice algo sobre el lugar que Rada ocupaba en el imaginario colectivo del país.
Las imágenes del velatorio, con fanáticos cantando sus canciones espontáneamente frente al féretro y las banderas de Peñarol mezcladas con flores y llanto, configuraron una despedida que difícilmente pueda replicarse para otro artista en el corto plazo. Rada no era solo un músico popular: era un símbolo de la identidad afro-uruguaya y de la resistencia cultural durante la dictadura.
No hay información sobre actos oficiales adicionales previstos, aunque es probable que Uruguay declare duelo nacional o que instituciones culturales organicen homenajes en las próximas semanas. Su legado discográfico, su influencia sobre músicos de toda la región y su rol en la difusión del candombe aseguran que su figura seguirá presente mucho más allá del duelo inmediato.
Rubén Rada se va dejando una marca que pocos artistas logran: la de haber cambiado el sonido de un país. El candombe uruguayo que hoy suena en los festivales de todo el mundo tiene en Rada uno de sus grandes difusores modernos. El Parlamento abierto para despedirlo fue, en ese sentido, el reconocimiento justo a una vida dedicada a hacer de la música un hecho cultural colectivo.















