Más allá de los muertos, los terremotos en Venezuela dejaron a más de 10.571 personas heridas y a comunidades enteras sin hogar ni servicios básicos. La región de La Guaira concentra los daños más severos, con infraestructura colapsada y familias que buscan a sus seres queridos entre los escombros en condiciones extremadamente difíciles.
Voluntarios civiles se sumaron a los equipos oficiales de rescate ante la magnitud del desastre, que superó la capacidad de respuesta inmediata del Estado venezolano. Las redes sociales se llenaron de llamados de auxilio y testimonios de sobrevivientes que relatan escenas devastadoras en barrios que quedaron prácticamente destruidos.
La crisis humanitaria que se abre plantea un enorme desafío para un país que ya arrastraba problemas estructurales serios antes de la catástrofe. La reconstrucción demandará recursos y tiempo considerables, y la presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro para aceptar ayuda internacional crecerá a medida que se conozca el alcance real de la destrucción.















