
El vocero del organismo justificó la decisión en la proximidad del ciclo electoral, lo que genera interrogantes sobre la validez política de esa explicación.
El gobierno nacional descartó modificar la metodología con la que el INDEC mide la inflación y otros indicadores económicos clave, al menos en el corto plazo. El vocero del organismo, Adrián Ravier, reconoció públicamente que existe una necesidad de «actualización» en los criterios de medición, pero explicó que no se realizarán cambios porque el país está próximo a un año electoral.
Ravier, que ocupa la vocería del INDEC, no especificó qué aspectos concretos de la metodología requerirían esa actualización ni en qué plazos se analizaría implementarla una vez pasado el ciclo electoral. Tampoco detalló si se trata de cambios menores en la canasta de productos o de revisiones más estructurales en los índices.
El argumento de postergar cambios técnicos por razones electorales es llamativo: en general, los gobiernos suelen hacer lo contrario, introduciendo ajustes metodológicos antes de períodos sensibles para blindar sus propios datos. Que en este caso se elija la inacción en nombre del calendario político invierte esa lógica habitual.
El dato que cambia la lectura es que el propio organismo oficial admitió que sus herramientas de medición están desactualizadas. Eso no es un señalamiento opositor ni una crítica académica: es el Estado reconociendo en voz alta que sus propias estadísticas podrían no reflejar con precisión la realidad económica. Esa admisión tiene peso propio, independientemente de cuándo se corrija.
Si el gobierno mantiene el cronograma que sugirió Ravier, cualquier revisión metodológica quedaría para después de las elecciones legislativas de 2027, lo que implica que los próximos informes del INDEC —incluyendo los de inflación, pobreza y empleo— se producirán con los mismos criterios que el propio organismo reconoce como insuficientes.
Mientras tanto, el dólar oficial cerró sin variaciones a $1.545 en el Banco Nación, el mayorista cayó por segunda jornada seguida y la brecha con el techo de la banda cambiaria superó el 26%, según datos del mercado. El combo de estadísticas cuestionadas por el propio INDEC y tensión cambiaria latente configura un escenario de incertidumbre que el gobierno prefiere no amplificar antes de las urnas.















