La televisión estatal iraní denunció el impacto de cuatro proyectiles a 10 kilómetros de la isla de Kharg, su principal terminal de exportación de crudo, en plena reactivación de las operaciones militares de Washington.
La tensión militar en Medio Oriente sumó un nuevo capítulo de alta volatilidad tras la denuncia pública de Teherán sobre un ataque directo de las fuerzas norteamericanas contra un buque petrolero en aguas del golfo Pérsico. El episodio pone nuevamente bajo fuego la infraestructura energética de la región, en un punto neurálgico por donde circula una porción determinante del comercio mundial de crudo.
Según informó la cadena estatal de la República Islámica, cuatro misiles estadounidenses impactaron sobre la embarcación a unos 10 kilómetros de la costa de la isla de Kharg. El reporte oficial indicó que la tripulación debió ser evacuada de urgencia y que no se registraron víctimas fatales, aunque la transmisión no difundió pruebas materiales del hecho ni declaraciones de ministros o mandos militares. Tanto la Casa Blanca como el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) evitaron responder de inmediato a las consultas sobre el presunto bombardeo.
La localización del ataque no es casual: la isla de Kharg funciona como la terminal estratégica que canaliza la enorme mayoría de las exportaciones de petróleo iraní. Durante los últimos meses, las instalaciones en esa zona fueron blanco recurrente de hostilidades militares, incluyendo una serie de bombardeos ejecutados por el Pentágono en marzo pasado contra posiciones defensivas emplazadas en la isla.
El dato políticamente más significativo radica en el momento de la denuncia. La acusación de Teherán se produce pocos días después de que la administración estadounidense resolviera reactivar sus ofensivas contra objetivos vinculados a Irán, tras una tregua táctica de un mes. Ese reinicio coincidió con una intensificación de los choques armados en los alrededores del estratégico estrecho de Ormuz, lo que expone que la pausa militar quedó formalmente quebrada.
Frente a este escenario, un impacto confirmado contra activos hidrocarburíferos de bandera iraní eleva al máximo el riesgo de represalias asimétricas. El gobierno persa suele responder a este tipo de incursiones apuntando contra bases, buques comerciales de socios occidentales o intereses estratégicos de Washington y sus aliados en el Golfo, lo que podría desatar una espiral de ataques cruzados en las rutas marítimas.
Sin confirmación oficial del Pentágono ni precisiones técnicas independientes sobre el estado del petrolero, el hecho oscila entre una agresión armada directa y la guerra de desgaste informativo. Con las operaciones estadounidenses reanudadas y Kharg nuevamente en la mira, el margen de maniobra en el tablero del golfo Pérsico se achica al compás de cada proyectil.















