El Presidente aterrizó en Madrid tras una escala en Canarias. Mantendrá un encuentro con Santiago Abascal y participará en la Cumbre Iberoamericana, en medio de coletazos políticos locales por la derrota republicana en Estados Unidos.
El presidente Javier Milei arribó este miércoles a Madrid para cumplir con una reducida agenda oficial en España que, al igual que en su visita anterior, no incluirá un encuentro institucional con el Rey Felipe VI, marcando una nueva etapa de fría relación diplomática con la Corona.
Tras realizar una escala técnica en Las Palmas de Gran Canaria, donde fue recibido por el cónsul argentino Luis María Sobrón, el mandatario prevé reunirse por la tarde con el líder del partido derechista VOX, Santiago Abascal. El jueves, en tanto, participará de la Sesión Plenaria de Jefes de Estado y de Gobierno en la Galería de las Colecciones Reales en el marco de la Cumbre Iberoamericana.
El viaje presidencial se produce en un escenario político convulsionado tanto a nivel internacional como doméstico. En el plano externo, dirigentes opositores como Gabriel Solano, del Partido Obrero, y el diputado de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro advirtieron sobre el fuerte impacto que tendrá en la Casa Rosada la reciente derrota del Partido Republicano de Donald Trump en las elecciones legislativas estadounidenses.
El dato más sensible que sobrevuela la gira es la creciente inquietud oficial sobre la sostenibilidad de los apoyos financieros externos. Desde la oposición señalan que la caída de Trump pone en serio riesgo la capacidad de la administración libertaria de conseguir un nuevo rescate financiero internacional similar al operado el año pasado.
Concluida su participación en la cumbre iberoamericana, la estadía de Milei en suelo europeo durará pocas horas: el jueves por la noche emprenderá el regreso inmediato a la Argentina a bordo del vuelo oficial ARG-01 para reinsertarse en la agenda local, atravesada por reclamos industriales y tensiones económicas en el conurbano.
La visita exprés a España deja expuesta la persistencia de una diplomacia ideológica centrada en alianzas partidarias específicas con la ultraderecha europea, desatendiendo los canales tradicionales con la monarquía española mientras en el frente interno se multiplican los flancos abiertos por la coyuntura económica.













