En el foro de ejecutivos de finanzas en Iguazú, el CEO de Banco Macro esquivó las definiciones sobre una candidatura para 2027, aunque dejó fuertes definiciones políticas y pidió reglas claras a la oposición.
La presencia de Jorge Brito en el encuentro anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) en Iguazú no pasó desapercibida para el círculo rojo. El CEO de Banco Macro y de la energética Genneia llegó a la provincia de Misiones rodeado por un creciente rumor que lo posiciona como uno de los potenciales candidatos "outsiders" de cara al escenario presidencial de 2027. Aunque el expresidente de River Plate se esforzó por gambetear las definiciones electorales directas ante la insistencia del auditorio, su discurso estuvo cargado de un fuerte tono institucional y político que evidenció su intención de incidir de manera directa en el debate sobre el rumbo del país.
Durante su exposición, el empresario centró sus críticas en lo que denominó el "péndulo argentino", la constante oscilación de reglas de juego económicas según el signo político de turno. Para ilustrarlo, Brito trazó una comparación incómoda con el principal socio comercial de la región: señaló que, si bien en Brasil también existe una alternancia marcada entre la izquierda y la derecha, el sector empresarial no sufre la parálisis estructural de la Argentina, donde en un ciclo de cuatro años se fomenta la industria con un dólar barato para importar y, al siguiente, esa misma actividad deja de ser viable de la noche a la mañana. Frente a este panorama, reclamó previsibilidad estructural para que el país pueda recibir inversiones de largo plazo.
El contexto de sus declaraciones no es casual. El establishment financiero observa con cautela la viabilidad política de las reformas desregulatorias del gobierno nacional de cara a las próximas elecciones legislativas y presidenciales. En ese marco, Brito es visto por diversos sectores de la oposición tradicional y el empresariado como una figura con la capacidad de gestión y el nivel de conocimiento público necesarios para saltar a la arena política sin el desgaste de los partidos tradicionales. Su prudencia al declarar que "el tiempo dirá" y que aún falta mucho para los comicios no hizo más que alimentar las especulaciones sobre sus verdaderas ambiciones de poder.
El dato políticamente más significativo de su intervención fue el diagnóstico sobre el estado actual de la reactivación económica y el impacto del programa oficial. Si bien Brito reconoció el mérito inicial de la administración libertaria por haber tenido el coraje político de avanzar con el ajuste fiscal y la quita de subsidios a las tarifas —un esquema que calificó de distorsivo e insostenible—, advirtió sobre un desbalance peligroso en la velocidad de la transición. "Los sectores perdedores hicieron el ajuste mucho más rápido de lo que se están expandiendo los sectores ganadores", sentenció, marcando una distancia crítica con el optimismo oficialista respecto a la recuperación en forma de "V".
Bajo esta premisa, el banquero abrió un paraguas de preocupación sobre la salud del sistema financiero local al meterse de lleno en la problemática de la morosidad de los tomadores de crédito. Brito calificó la situación como "un tema complejo" que requiere extrema prudencia en su resolución y alertó sobre la proliferación de propuestas legislativas y proyectos técnicos que consideró "alocados" para intentar saldar la deuda de los sectores más asfixiados. Sus palabras dejan entrever que el sector bancario teme que una salida desprolija de la recesión termine por deteriorar la calidad de las carteras de los bancos privados.
La disertación de Jorge Brito en el IAEF dejó en claro que el círculo rojo busca consolidar un modelo que trascienda los nombres propios y las coyunturas de los mandatos presidenciales. Al exigirle a la oposición que ofrezca certidumbre sobre el rumbo económico para no ahuyentar a los inversores, el empresario se posiciona no solo como un espectador interesado, sino como un articulador clave en el debate por el mediano plazo. En un escenario donde la sostenibilidad social del ajuste sigue bajo la lupa, el equilibrio entre el apoyo técnico a las reformas fiscales y la advertencia sobre la economía real perfila a Brito como una de las voces de consulta obligada en el armado del poder que viene.














