El exministro de Planificación Federal, Julio De Vido, se entregó este jueves en los tribunales federales de Comodoro Py para hacer efectiva la pena de cuatro años de prisión dictada en su contra por su responsabilidad en la Tragedia ferroviaria de Once. Acompañado por su abogado, Maximiliano Rusconi, el exfuncionario kirchnerista arribó a las 8 de la mañana a la sede judicial, acatando la orden que emana del Tribunal Oral Federal N° 4 (TOF 4), el cual dispuso la ejecución inmediata de la condena tras el rechazo de las últimas instancias de apelación.
La condena contra De Vido se relaciona con el delito de administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública, una figura que el sistema judicial consideró probada debido a su rol en la supervisión de las concesiones ferroviarias. El fallo, que ya había sido ratificado por la Cámara Federal de Casación y finalmente confirmado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, marcó el cierre de uno de los capítulos judiciales más resonantes vinculados a la corrupción y la negligencia de la pasada década.
La escena en Comodoro Py fue de alta tensión mediática y política, reflejando la magnitud del dirigente que ingresaba a cumplir su sentencia. De Vido, quien fuera uno de los funcionarios de mayor peso durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, permaneció en los tribunales para realizar los trámites procesales de rigor y someterse a los controles médicos protocolares necesarios antes de su traslado a una unidad penitenciaria.
La Tragedia de Once, ocurrida en febrero de 2012, costó la vida a 52 personas y dejó cientos de heridos, exponiendo las graves falencias y el deterioro del sistema ferroviario bajo la órbita de Planificación Federal. La detención del exministro simboliza la culminación de un largo proceso de reclamo de justicia por parte de los familiares de las víctimas, que se manifestaron persistentemente para asegurar la rendición de cuentas de los responsables políticos y empresariales.
Tras la revisión médica, el TOF 4 ordenó el traslado de De Vido al penal de Ezeiza, donde quedará alojado bajo el régimen de cumplimiento de pena. No obstante, aún pende una definición sobre un pedido de prisión domiciliaria presentado por su defensa, el cual deberá ser evaluado por el Tribunal en función de las condiciones de salud del condenado y la normativa vigente, manteniendo un resquicio de incertidumbre sobre su destino final.
El ingreso a prisión de Julio De Vido, un hito en la historia judicial argentina que sienta precedentes en la persecución de delitos de corrupción de alto impacto social, cierra un ciclo de impunidad percibida y reafirma la capacidad del Poder Judicial para avanzar contra exfuncionarios del más alto nivel. La detención, además de su significado penal, proyecta un mensaje de transparencia y obligatoriedad de la ley, independientemente del poder político ejercido, marcando un antes y un después en la relación entre el Estado y la responsabilidad de sus máximos responsables.















