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La Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires (ANM), una de las instituciones científicas más prestigiosas del país, ha emitido una contundente declaración en la que rechaza la aplicación de tratamientos médicos y quirúrgicos destinados a la transición de género en niños y adolescentes. El pronunciamiento, difundido tras su Plenario Académico, pone el foco en los riesgos irreversibles de estas intervenciones y refuerza el debate ético y científico sobre la atención a la disforia de género en etapas tempranas del desarrollo.
La entidad, que con frecuencia es consultada por la Justicia en temas de alta complejidad bioética, estableció que «no avala ningún tratamiento, ya sea médico —a través de bloqueadores de la pubertad o terapias hormonales— ni intervenciones quirúrgicas que tiendan a modificar el sexo». La postura se fundamenta en la necesidad de respetar la vida y la naturaleza humana, apelando a la cautela científica frente a procedimientos que, según la Academia, pueden tener consecuencias definitivas en la salud de los menores.
Uno de los principales argumentos esgrimidos por la ANM se centra en los potenciales efectos deletéreos sobre la salud física y psicológica de los pacientes. La declaración advierte sobre las «consecuencias […] muchas veces irreversibles» y subraya la existencia de un «alto porcentaje de posteriores depresiones» asociadas a estos tratamientos. Por ello, la institución desaconseja categóricamente la castración farmacológica o quirúrgica y la reasignación de género en personas que no han alcanzado la mayoría de edad.
El documento académico también citó la experiencia internacional como respaldo a su posición. La Academia señaló que este tipo de intervenciones han sido objeto de revisión y suspensión en países de referencia como Finlandia, Suecia, Noruega, Inglaterra y varios estados de los Estados Unidos. La entidad médica argumentó que estos procedimientos constituyen «consecuencias no deseadas de una promesa insustancial que atenta contra el sexo real, el biológico, al pretender ser reemplazado por la inconsistente percepción sociológica y voluntarista del género”.
En cuanto al abordaje recomendado para los niños y adolescentes que manifiestan disforia de género, la Academia Nacional de Medicina enfatizó la importancia de un enfoque terapéutico integral. Este modelo debe estar firmemente «centrado en ellos y sus familias», e incluir un «acompañamiento estrecho de los servicios de salud mental», asegurando que la atención se enfoque en el bienestar psicológico sin precipitar decisiones médicas permanentes.
La postura de la ANM se alinea con la modificación regulatoria impulsada por el Gobierno Nacional en febrero de este año, que sustituyó un artículo de la Ley de Identidad de Género (Ley 26.743, de 2012) para restringir estos tratamientos a mayores de 18 años. La declaración de la prestigiosa entidad médica consolida una perspectiva basada en la evidencia científica y la ética médica, generando un marco de mayor cautela institucional frente a la compleja realidad de los menores con disforia de género, y proyectando un futuro donde el enfoque primordial sea la salud mental y el desarrollo no interrumpido de los pacientes.















