Al cumplirse 31 años del brutal atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) que cobró la vida de 85 personas, la comunidad judía argentina volvió a congregarse en el corazón de Buenos Aires para renovar su inquebrantable clamor por justicia. El acto central, que contó con la presencia del presidente Javier Milei y parte de su gabinete, fue escenario de un enérgico discurso por parte de Osvaldo Armoza, titular de la AMIA, quien no solo exigió celeridad en las causas pendientes, sino que también lanzó una contundente advertencia sobre la creciente infiltración iraní en la región y la persistente impunidad en torno a la muerte del fiscal Alberto Nisman.
Armoza, con voz firme, interpeló directamente al fiscal Eduardo Taiano y al juez Julián Ercolini sobre la investigación del fallecimiento de Nisman, preguntando con indignación: «¿En esta causa también deberán pasar 30 años? ¿Qué esperan? Si tienen impedimentos, ¡denúncienlos! El silencio es complicidad». Esta demanda se enmarca en la herida abierta que representa para el país la falta de esclarecimiento total de ambos casos, y refleja la frustración ante una impunidad que, según la comunidad, se perpetúa en el tiempo, a pesar de los avances judiciales que han señalado a Irán y Hezbollah como los responsables intelectuales y materiales del ataque terrorista de 1994, un dictamen avalado por la Cámara Nacional de Casación Penal y por la emisión de alertas rojas de Interpol.
La preocupación del presidente de la AMIA se extendió a la geopolítica regional, al alertar sobre la expansión de la influencia iraní en Latinoamérica «ante la ausencia de una respuesta seria y firme de los gobiernos regionales». Armoza citó ejemplos concretos como el episodio del avión venezolano-iraní en 2022, que, según su análisis, expuso «las falencias de nuestro sistema de seguridad e inteligencia», y la reciente firma de un acuerdo militar entre Irán y Bolivia, que a su juicio «exige una inmediata reacción por parte de nuestras autoridades, incluyendo el refuerzo de los controles fronterizos». Esta penetración, detalló, se articula a través de una red clandestina bajo coberturas diplomáticas, religiosas y culturales, tal como lo documentó en su momento el fiscal Alberto Nisman.
En este contexto, la AMIA urgió al gobierno argentino a impulsar una cooperación internacional «seria y sostenida» contra el terrorismo, que incluya el intercambio de información y la designación de Hezbollah y las Fuerzas Quds —Guardia Revolucionaria de Irán— como organizaciones terroristas, además de congelar sus bienes e impedir su crecimiento en la región. A nivel doméstico, se reclamó la capacitación del Poder Judicial y la sanción de leyes modernas para combatir el terrorismo, lamentando que Argentina continúe operando con «herramientas obsoletas» frente a este flagelo global que, según la entidad, «está más activo que nunca».
El acto también fue un espacio para recordar las incógnitas persistentes sobre el atentado de 1994: el origen del explosivo, el lugar de armado de la camioneta-bomba, la identidad de quien la entregó a Carlos Telleldín, quién ingresó el vehículo al estacionamiento y quiénes integraron el grupo operativo final. Armoza calificó la incertidumbre en estos temas como «inaceptable» después de tanto tiempo, y criticó duramente las condiciones de la documentación de la ex-SIDE bajo custodia de la Fiscalía, así como la «pasividad» del fiscal Ouviña en la revisión de esos archivos. La esperanza de justicia se posa ahora en la resolución de la Corte Suprema sobre el recurso contra la absolución de Telleldín, en lo que representa un nuevo intento por cerrar un capítulo de impunidad.
A pesar del dolor y la frustración, el mensaje de la AMIA concluyó con una profunda reflexión sobre la resiliencia y la solidaridad. Recordando la tragedia del 7 de octubre de 2023 en Israel y el alarmante aumento del antisemitismo global, Armoza valoró la postura del gobierno argentino en el escenario internacional, destacando su apoyo explícito a Israel. La comunidad ratificó su compromiso de seguir «juntos y de pie», porque, como se recalcó en el acto, el terrorismo no discrimina, pero tampoco lo hace la solidaridad que emergió de las ruinas, un mensaje de esperanza que mantiene viva la memoria y el reclamo de justicia.















