
La frutihorticultura argentina es un sector que mueve millones de pesos al año y, sin embargo, rara vez ocupa los grandes titulares de la economía nacional. Dominado por empresas de capital nacional, el rubro experimenta una expansión sostenida con apuestas innovadoras como el kiwi amarillo y el cultivo de frutillas en la Patagonia, zonas que hasta hace poco no se asociaban con esa producción.
Varias compañías del sector están incorporando nuevas firmas a sus estructuras y diversificando su cartera productiva mediante cambios de dueño estratégicos. La tendencia refleja un proceso de consolidación empresaria que apunta a ganar escala y mejorar la competitividad tanto en el mercado interno como en el de exportaciones.
Los especialistas del agro consideran que este dinamismo podría posicionar a Argentina como un actor relevante en mercados internacionales de frutas premium. El desafío está en sostener la inversión en infraestructura logística y en acceso al crédito para que las pequeñas y medianas productoras puedan sumarse al crecimiento.















