Tras la foto de unidad en el Hotel Emperador, el jefe de La Cámpora encabezó un acto sin el gobernador bonaerense, reivindicó la centralidad de Cristina Kirchner y aceleró la disputa por la conducción opositora.
La foto de unidad que sellaron Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa en el Hotel Emperador apenas sirvió para poner una pausa superficial en la descarnada puja por el control del peronismo. La tregua implosionó formalmente en la esquina de San José y Humberto Primo, donde el jefe de La Cámpora encabezó el acto por el cuarto aniversario del atentado contra Cristina Kirchner —quien cumple prisión domiciliaria en ese edificio— y aprovechó el escenario para lanzar una serie de estocadas políticas dirigidas a La Plata, en una maniobra destinada a limar el proyecto presidencial del mandatario provincial de cara a 2027.
El gobernador bonaerense no fue invitado al acto ni convocado a rubricar el documento partidario titulado “La democracia no admite la eliminación del adversario”. En la calle, Máximo Kirchner arengó a la militancia al compás de cánticos que reflotaron viejas heridas internas: “Si querés otra canción, vení te presto la mía”, entonó la columna camporista en abierta alusión a la frase de Kicillof sobre la necesidad de componer “nuevas melodías”. Durante su discurso, el diputado nacional disparó contra quienes dan por terminada la etapa de la exmandataria: “Llama la atención que muchos que dicen que Cristina ya fue no acompañen el pedido para que pueda presentarse. Si tienen razón, qué más lindo que arrasarla en una elección, pero saben que eso no va a pasar”, remarcó tras aludir a las “miserias de la política”.
La ofensiva responde a un tablero de fondo en el que el Instituto Patria busca blindar la conducción exclusiva de Cristina Kirchner y bloquear cualquier intento de emancipación territorial o renovación anticipada de liderazgos. Pese a que la condena en la causa Vialidad le impide formalmente postularse —mientras sus abogados aguardan un pronunciamiento de la ONU sin efectos electorales directos—, el kirchnerismo duro sostiene que su figura anula de plano cualquier otra aspiración dentro del espacio. Desde el entorno de Kicillof optaron por no replicar públicamente los ataques, aunque dejaron trascender su malestar por la exclusión intencional de la convocatoria, que los organizadores intentaron justificar con tecnicismos partidarios.
La disputa, sin embargo, sumó un componente que complejiza todavía más el esquema opositor: la irrupción de Sergio Massa como eventual competidor directo del gobernador bonaerense. El diputado provincial Alexis Guerrera, referente del Frente Renovador, instaló al exministro de Economía como “el indicado” para liderar la contienda electoral y defendió la necesidad de dirimir la candidatura en las elecciones primarias. En las filas del kicillofismo no interpretan esta jugada como un hecho aislado, sino como una pinza política coordinada: sospechan abiertamente que Massa busca posicionarse para desafiar a Kicillof con la bendición y el respaldo territorial de Cristina Kirchner.
Frente al cerco que intentan tenderle desde la Ciudad de Buenos Aires, el gobernador bonaerense apura su propia demostración de fuerza territorial y gremial. El Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el armado político que responde a Kicillof, prepara un plenario nacional para el 19 de septiembre en Villa Domínico con la participación de la CGT, las dos vertientes de la CTA, organizaciones sociales y sectores productivos. Los intendentes alineados con la gobernación ya comenzaron a marcar la cancha en las secciones electorales bonaerenses bajo la advertencia de que concentran a más del 70% de la estructura partidaria y que no cederán el armado de las listas a las presiones del camporismo.
El fugaz pacto de no agresión del Hotel Emperador dejó al descubierto que la confrontación contra el modelo de Javier Milei no alcanza para suturar la fractura interna del peronismo. Con La Cámpora aferrada a la centralidad de Cristina Kirchner, el massismo dispuesto a tallar en la discusión y Kicillof decidido a construir un polo de poder propio desde la provincia de Buenos Aires, el principal espacio opositor ingresa en una etapa de desgaste donde la definición del liderazgo se resolverá por confrontación abierta.















