Sugerencia de Imagen de Portada: Una toma de cancha donde se vea a Leandro Paredes (con el brazalete de capitán) abrazando efusivamente a Agustín Marchesín o a Exequiel Zeballos, capturando un momento de apoyo emocional en lugar de la celebración tradicional de un gol.
El regreso de Leandro Paredes a Boca Juniors no solo ha significado la reincorporación de un campeón del mundo al mediocampo, sino la consolidación de un liderazgo silencioso que ha resultado fundamental para la reciente recuperación futbolística del equipo. Lejos de conformarse con el brazalete de capitán como un símbolo testimonial, el mediocampista de 31 años ejerce una influencia integral, dedicando esfuerzos a la cohesión interna y a la inyección anímica de sus compañeros, un trabajo que se ha vuelto clave en la recta final del semestre y la clasificación a la Copa Libertadores.
El estilo de Paredes trasciende la arenga pública; se enfoca en el capital humano del plantel. Ha asumido un rol de anfitrión recurrente, organizando asados y, más importante, cónclaves íntimos en su domicilio. A una de estas reuniones asistieron jugadores que estaban perdiendo protagonismo, como Kevin Zenón, y otros en proceso de recuperación, como Exequiel Zeballos. Este gesto, compartido en sus redes sociales, es una muestra directa de la «inyección anímica» que busca la dirigencia, evidenciando que el respaldo del referente va más allá de los minutos en el campo de juego.
El caso más resonante de este liderazgo psicológico es el de Exequiel Zeballos. El Changuito atraviesa un estado de gracia con tres goles y dos asistencias en sus últimos siete partidos. La clave de esta remontada, según el propio extremo santiagueño, reside en el apoyo del capitán: «Me da mucha confianza y cariño, que era lo que necesitaba», declaró Zeballos. Paredes, por su parte, reconfirmó su orgullo, demostrando que su compromiso es hacer jugar y hacer rendir mejor a quienes lo rodean, potenciando el talento individual a través de la contención.
Un gesto de liderazgo que no pasó desapercibido ocurrió durante el Superclásico ganado a River Plate. Tras el primer gol convertido por Zeballos, Paredes optó por dar media vuelta e ir directamente al encuentro del arquero Agustín Marchesín para fundirse en un abrazo fraternal. Esta no fue una celebración espontánea; fue un acto deliberado de apoyo público. El gesto buscó eximir de culpas al cuestionado guardameta tras haber quedado expuesto en una derrota anterior, un respaldo esencial para la moral del arquero, aprovechando la «inmunidad total» que Paredes goza ante el público.
El respaldo se extendió al cuerpo técnico. Inmediatamente después del pitazo final que selló el triunfo en el Superclásico, Paredes se dirigió al banquillo y abrazó sentidamente al entrenador interino Claudio Úbeda, gritando «¡Vamos Claudio!». Esta muestra de «banca» pública por parte del líder del vestuario es un mensaje elocuente hacia la dirigencia. Demuestra que el plantel está conforme con el trabajo diario ofrecido por Úbeda y el cuerpo técnico, y sugiere el aval de los jugadores para una eventual continuidad en la temporada 2026.
La figura de Leandro Paredes en Boca Juniors se ha transformado en un factor decisivo. Su compromiso total, sumado a una sensibilidad para detectar y asistir las necesidades emocionales y futbolísticas de sus compañeros, lo consolida como un líder todoterreno. Sus gestos silenciosos han sido mucho más ruidosos que cualquier arenga, re-encaminando carreras individuales y asegurando objetivos institucionales, sentando las bases de un equipo más unido y mentalmente fuerte para los desafíos futuros.















